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El beso de las 12


El año pasado pedí que cuando dieran las doce de la noche, un hombre guapo, alto y simpático me besara. Yo, con copa de champaña en una mano y bolso de último modelo en la otra, estaba dispuesta a poner fin a mi soltería.

Y así fue. Era un amigo de un amigo. Alto, guapo y simpático. Tal cual lo pedí al universo. En un abrir y cerrar de ojos, tuve lo que anhelaba. Un beso a las 12.

Claro que eso que dicen que el amor llega cuando no lo estás buscando, anuló por completo la posibilidad de que de ese beso surgiera algo más con el chico este. Demás está decir que el individuo nunca llamó.

Este año, decidí hacer un pequeño ajuste a mi petición y dije a viva voz: “Para el 2009, quiero un hombre bueno, que se interese en mí (que yo me interese en él) y que me bese a las 12. Pero por favor, que me llame al día siguiente y podamos entablar una relación. Gracias, Universo y feliz año nuevo”.

Menos mal que siempre he creído en eso de que hay que tener cautela con lo que deseamos (porque se da). Dieron las 12 y me dieron un lindo beso. Me llamaron al día siguiente. Y hoy iremos a cenar. Supongo que mi abuelo tenía razón. ¡Que las cosas son cuando son y no cuando uno quiere que sean!

¡Feliz 2009! Para mí, este año empezó con pie derecho…

(Foto Vía)

 
 
 
 
 
 

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