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El efecto del estrés en el sexo

Si bien es cierto que las abuelitas no crecieron con un “smartphone” que les permitía estar conectada con cientos de amigos, revisar el clima, tomar fotos instantáneas y escuchar música mientras llegaban al trabajo, tampoco tuvieron que lidiar con las llamadas incesantes de una niñera estrenando novio, los correos electrónicos de un jefe adicto al trabajo o constantes mensajes de texto de una suegra posesiva. La mayoría de las parejas actuales están formadas sobre la base de que ambos trabajan a tiempo completo y su vida entera está planificada por los recordatorios de la agenda digital. El mundo te consume y sin que lo notes cada vez te alejas más de uno de los grandes placeres de la vida: el sexo. El estrés puede adormecer tu capacidad de sentir placer, tener fantasías sexuales o hasta desear compartir un momento íntimo con tu pareja. Está en tus manos recuperar tu pasión sexual de las destructivas manos del estrés.

Fantasías sexuales femeninas

Muchas mujeres terminan en estados de estrés profundo por pretender alcanzar el ideal social que se les atribuye culturalmente: buenas madres, profesionales excelentes, hijas consideradas, amigas constantes y por supuesto… amantes incansables. Si estás en tu carrera por alcanzar la perfección en estos campos, es seguro que tu nivel de estrés esté alcanzando cifras exorbitantes. Cuidado, el estrés crónico genera un desequilibrio emocional que no solo afecta tu estado de ánimo, sino también tu apetito sexual. ¿Qué puedes hacer?

Manda a Doña perfecta de retiro… permanente: Así como tu madre cometió errores con tu crianza, los tuvo también tu abuela con ella y tu bisabuela, etc. Incluso tu vecina que parece perfecta en todo tiene sus fallas (o es un androide) así que relájate y permítete hacer bien las cosas con la conciencia de que eres un ser humano.

Conéctate: Saca tiempo para retomar las cosas que te son importantes, te generan beneficio y realmente disfrutas. Un paseo por el parque, escuchar tu música favorita, bailar, tomar una siesta o leer un libro que te gusta son alternativas que pueden ayudarte a bajar tu nivel de estrés.

Sexo, con estrés: Asimismo, aunque inicialmente la idea de tener sexo en medio de una crisis de estrés te parezca horripilante; si lo piensas, hacer el amor es una excelente manera de tener una sesión de ejercicios, liberar serotonina y dopamina (entre varias otras hormonas responsables de mantenerte calmada), y muy en el fondo sabes que un orgasmo te pondrá del mejor humor.

Dale valor al sexo: En tu listado de prioridades, tener sexo comienza a correrse hacia el final de la lista después del cuidado de los niños, el trabajo, pasear al perro, cocinar, limpiar y hasta pintarte las uñas. Piensa que si lo devuelves a su posición prioritaria, todo lo demás va a funcionarte mucho mejor.

Deja las excusas: Buscar el momento “caliente” o “indicado” puede volverse el cuento de nunca acabar. Los momentos pocas veces se dan y mayoritariamente se crean, así que toma las riendas, dile adiós al estrés y retoma tu sexualidad.

 
Foto: iStockphoto
 
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