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El Karma y las relaciones (Segunda parte)


Todas las relaciones que establecemos en la vida tienen el objetivo de aportarnos crecimiento. No todas las relaciones funcionan, pero todas existen y pasan por nuestras vidas por algún motivo especial. Cada vez que necesitamos aprender algo, atraemos a las personas que nos van a dar esas respuestas.
El karma nos muestra el espejo perfecto de como funcionamos en las relaciones, por eso tenemos que tener en cuenta lo siguiente: “Lo que yo amo del otro, soy yo mismo. Lo que yo rechazo del otro, soy yo mismo.” Las preguntas para comprender nuestras necesidades pueden ser:
¿Qué es lo que rechazo de los demás?
¿Por qué rechazo esta cualidad en los demás?
¿He sido yo mismo rechazado alguna vez?
¿A quién me recuerda el otro?
¿Tengo las mismas cualidades que el otro y me gustaría tenerlas?
¿Actuaría de forma exactamente igual que el otro?
¿Cómo podría cambiar algo en el otro o en mí mismo?
¿Si cambio yo, cambiaría mi entorno?
¿Por qué circunstancias externas encuentro a esas personas y no puedo eludirlas?
¿Qué rechaza mi pareja de mi personalidad?
Cualquier cualidad que conozcamos de nosotros mismos podemos aceptarla o modificarla. Con ello profundizamos el amor y la confianza en nosotros mismos. Toda cualidad que hayamos rechazado o aceptado dejaremos de criticarla en los demás. En la medida en que hacemos preguntas, la mente encuentra las soluciones en la acción: por eso tenemos que estar alerta a todo lo que sucede alrededor y valorarlo.
Lo que nos une a otra persona se basa en pensamientos y emociones. Si vivimos una experiencia negativa con esa persona y no la perdonamos, tampoco lo hacemos con nosotros mismos. Nos relacionamos negativamente con ella y quedamos ligados negativamente a nuestras emociones y pensamientos. Luego y repetimos de algún modo con otra persona la misma experiencia, aunque quizás resulte más intensamente negativa. Aplicando la ley de la resonancia del karma, atraemos a nuestras vidas siempre el tipo exacto de persona que se corresponde con nuestro pensamiento y nuestro sentimiento. Perfecto, ¿no te parece?
Por lo tanto, cuando tengamos claro lo que queremos para nosotros podemos relacionarnos en forma única, estable, armoniosa y maravillosa con los otros. Pero todo depende de nuestra realidad interior.
 
 
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