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El verdadero sentido del Kamasutra

Esta nota ha sido extraida del libro de Mabel Iam ” El Amante Perfecto”

El Kamasutra, escrito en la India entre los siglos III y V y atribuido al sabio Vatsyayana, combina los mecanismos sexuales de alcoba chinos con los métodos de seducción descritos por el poeta romano Ovidio.

La mayoría de las personas asocia el Kamasutra simplemente con múltiples posiciones para desarrollar el acto sexual, una mezcla de acrobacia y pornografía. Para Oriente, en cambio, el verdadero sentido del Kamasutra está muy lejos de esa idea puramente gimnástica.

Tanto desde la perspectiva del tao del amor como para el tantra, toda unión sexual es sagrada, reproduce el acto creador último, la unión de los principios cósmicos masculino y femenino, la causa del universo creado y manifestado. El contacto sexual, por trivial que sea, es sagrado, cósmico, aun cuando quienes lo llevan a cabo lo ignoren.

El Kamasutra propone una variedad de asanas o posiciones de yoga con un sentido ritual. Al hacerlo pretende “divinizar” a la pareja y su sexualidad. Sin este componente espiritual pierde su sentido ritual.

Las posiciones no sólo buscan la voluptuosidad sensual, sino también facilitar la meditación en pareja. Algunas posiciones permiten prolongar la unión sexual a veces hasta dos horas sin necesidad de moverse mucho para no perturbar la interiorización del acto sexual divino. A menudo la comodidad es tal que permite una relajación física y mental total que lleva a estados de conciencia diferentes.

Las asanas también favorecen los intercambios magnéticos y de energía vital, y facilitan el control de la eyaculación. A este respecto el tantra descarta, al menos al principio, la posición más usada en Occidente comúnmente llamada “del misionero” (Uttana bandka en sánscrito), en la que el hombre está tendido sobre la mujer. Esta posición, según los sabios, no facilita el control seminal.

 
 
 
 
 
 

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