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Infidelidad virtual

Correo electrónico, Facebook, Twitter, la lista de formas de comunicación y redes sociales existentes en Internet va en aumento y con más de 900 millones de usuarios pareciera que no hay quién se quede por fuera de este festín de posibilidades. Internet no es sólo una herramienta de investigación y comunicación, para muchos es la forma de mantener (o establecer) fuertes vínculos íntimos. Entre chismes, fantasías e “inocentes” jugueteos, ¿existe la infidelidad virtual?

Es difícil de establecer claramente una respuesta a esta pregunta ya que para muchos, la “virtualidad” de la Red no es aplicable a lo que sucede fuera de ella. Pero, ¿acaso no nos enamoramos de bellas palabras en ambas “realidades”? ¿No nos atrae un cierto tipo de persona o entablamos con ella un grado de afinidad?

¿No es el enamoramiento algo que puede pasar en un salón de chat al igual que en un parque?

El nivel de “fantasía” que representa la virtualidad es tal vez su punto más peligroso. Aunque en la vida real todos mostramos nuestra mejor cara al principio y es con el paso del tiempo que llegamos a conocer más a fondo quién realmente es esta persona que nos atrae, la virtualidad permite que las personas creen una imagen idealizada de quienes son, donde los malos genios, frustraciones, dolores de cabeza, cambios de humor y hasta situación sentimental se pueden ocultar por más tiempo.

Relaciones tóxicas

Fantasía

Muchas parejas utilizan las redes virtuales como una escapatoria de la realidad. En vez de volcar la atención a la persona que tienen al lado, y lidiar con los problemas que puedan estarse presentando, aprovechan la facilidad del Internet para acercarse a un mundo nuevo y refrescante. Cuando encuentran a alguien que les gusta, comienzan a mostrar su mejor cara, contarle su vida, crear ilusiones y fantasías e inevitablemente alejándose de su pareja real. Lo que es aun más grave, los sentimientos desarrollados por la persona en el mundo virtual pueden ir escalando, logrando que uno o ambos tenga ganas de llevar dicha interacción al plano real.

El rol de investigadora privada

Una vez que la pareja comienza a preguntarse qué puede estar haciendo el otro por horas y horas en Internet, la sospecha se implanta y comienza a crecer. Exista o no infidelidad, la sensación de que el interés de la pareja se está desviando hacia otro lado puede llevar a que la persona se dedique obsesivamente a buscar pruebas de la “infidelidad”. Revisar el historial de visitas en Internet, acceder (de ser posible) a las cuentas de correo electrónico o redes sociales puede terminar en conversaciones que “inocentes” o no, no dejan de ser hirientes.

Es en este punto cuando la virtualidad deja de serlo, y hayan existido o no encuentros en persona, la pareja puede sentirse profundamente traicionada, aun más si descubren que dicha relación se ha llevado al plano real.

Relaciones tóxicas

La caída del castillo del aire

Muchas veces las relaciones virtuales no logran mantenerse en ese límite y bien sea que pasen al campo físico o no, llenan a la persona con ilusiones, deseos y sentimientos que no son otra cosa que una infidelidad. Esto no quiere decir que sea una regla absoluta, sin embargo cuando la imagen mental con la pareja ideal comienza a ser reemplazada por aquella encontrada en el mundo virtual, hay una evidente falencia en la dinámica de la relación.

Por otro lado la confrontación con la relación virtual suele ser la caída de un castillo de naipes formado por una cabeza ansiosa, y aunque la pérdida se sienta real no se trata sino de una fantasía.

Lo que realmente hay que analizar de fondo son las problemáticas en la relación real y cómo pueden enfrentarse. La pareja deberá decidir si desean o no superar la infidelidad virtual y trabajar en sus problemas como par.

 
Foto: Lifesize
 
 
 
 
 

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