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Relaciones kármicas (Primera parte)


¿Por qué las relaciones se repiten? ¿Existe el karma? ¿Buscamos
castigarnos con ciertas relaciones afectivas? ¿Cómo puedo cambiar el destino de
mis vínculos? Las respuestas, en esta nota y en la segunda parte.


El karma es la ley de causa y efecto. Esta ley incluye los movimientos
energéticos que provocan los pensamientos, las acciones, los sentimientos y los
deseos de las personas, y la relación con el medio ambiente que los rodea. Se
puede ejemplificar esta ley con las ondas que provoca una piedra lanzada en un
lago: esas ondas se extienden hasta llegar a la orilla o perderse en la distancia.

Pero no debe confundirse la acción de la ley del karma con
“recompensa” o “castigo” por una conducta llevada a cabo. No
es la acción de la justicia humana o divina. Es el resultado de una ley
natural. La idea de justicia moral, o de recompensa y castigo, proviene de la
concepción de un ser supremo o de un Dios que juzga, dicta sentencia y decide
qué es lo bueno y qué es lo malo. Esta idea tiene su origen en el pensamiento
judeocristiano pero no es el concepto oriental de la esencia del karma. Porque,
según los orientales, cada ser humano es responsable de lo crea o destruye.

La ley del pensamiento
El primer principio de la ley del karma se basa en el pensamiento. ¡Qué
sencillo sería cambiar nuestra vida cambiando meramente nuestros pensamientos!


Pero lo cierto es que ningún pensamiento es una isla en sí misma. Un
pensamiento siempre lleva a otro, y a otro, y a otro que acaba por conducir al
individuo en la dirección de sus pensamientos, como las ondas en el agua del
ejemplo dado. Así, a medida que pasan los años, resulta inevitable que uno
acabe convirtiéndose en “todo lo que ha pensado”.

Fotografía: Andrés Castro, My Lifestyle® Modelo: Valeria de la Pava

 
 
 
 
 
 

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