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Capirotada, tradición en la cocina mexicana

Con sólo decir la palabra capirotada a un mexicano, le llegan todo tipo de recuerdos de la infancia. El aroma de la salsa es bastante único por el uso del piloncillo, un azúcar puro, sin refinar que es prensado en forma de cono. El piloncillo es bastante parecido al azúcar negra con un sabor a melazas ahumadas. “El olor del piloncillo y las especias cociéndose a fuego lento en la estufa cuando éramos niñas se quedaba en la cocina durante horas. De pequeñas, siempre comíamos capirotada durante la Cuaresma, pero sé de familias que la comen durante las festividades del Día de Acción de Gracias, Navidad y las Posadas”, nos cuentan Yvette Márquez-Sharpnack, Verónica González-Smith y Evangelina Soza, quienes se unieron por su amor a la cocina en el magnífico libro “Muy Bueno“, que sale a la venta este mes de octubre.

Los ingredientes en esta receta tienen una simbólica representación religiosa para algunas familias mexicanas y mexicoamericanas. El pan es por el Cuerpo de Cristo, el sirope es por su sangre, los clavos dulces representan los clavos de la cruz, los palitos de canela simbolizan la cruz de madera y el queso derretido por el Manto Sagrado; de ahí que se coma durante la temporada de Cuaresma.

A pesar del olor maravilloso que tiene la capirotada acabada de salir del horno, el mejor momento de comerla es unos dos días después de hecha. Te cuento:

Ingredientes:

4 bolillos o bollos franceses
4 cucharadas de mantequilla o mantequilla en espray
4 1/2 tazas de agua
12 onzas de piloncillo o 11/2 tazas de azúcar moreno oscuro prensada
4 palitos de canela
5 clavos dulces enteros
1 taza de pasas
3 tazas de queso rallado Longhorn Cheddar o Colby cheese

 
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