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La exótica y misteriosa pitahaya

Foto: Photodisc

A pesar de su extraña apariencia, nunca le hice mucho caso en el supermercado. No fue hasta que llegué a España, recientemente, que probé la pitahaya en variedad roja. Y para mi sorpresa, varias semanas después, en Ecuador, descubrí que su versión amarilla también es deliciosa.

Hablo del guanoste, dragon-fruit, pitaya, pitajón… tiene muchos nombres. Su planta es un cactus original de Centroamérica, sobre todo de Costa Rica y Nicaragua. En la época lluviosa se viste de novia con flores blancas enormes que solo se abren de noche y desprenden un exquisito aroma a jazmín. También se produce en Asia, pero dicen que no es tan sabrosa y nutritiva como la de Centroamérica.

Su fruto, la pitahaya, es ovalado, carnoso y pesado de cáscara gruesa y carnosa. Su pulpa me recordó a las uvas, jugosa y translúcida, y con muchas semillitas negras. Tiene la consistencia de un kiwi, refrescante, no muy dulce, pero de sabor más parecido a la pera. La variedad amarilla es más carnosa que la rosada, aunque a mí me conquistaron las dos.

Su temporada es ahora, búscala en tiendas de comida gourmet, mercados asiáticos y mercados de productores orgánicos locales.  Asegúrate de que tenga un color amarillo o rosado intenso, señal de que está ya madura.

La puedes comer fría simplemente cortada por la mitad y con una cuchara para sacarle la pulpa. Es perfecta para una ensalada refrescante y colorida con melón, babaco, fresa, mango, naranja… incluso con tomate y un toque de culantro. También es ideal para hacer postres, yogur, helados y gelatinas.

Está llena de antioxidantes, calcio, hierro, fósforo y Omega-3. Es un laxante natural y también es muy hidratante, ya que el 90% es agua.

En Asia la bautizaron como corazón de dragón, y hay muchas leyendas bellísimas a su alrededor. Ahora que la conoces, llévatela a casa hoy mismo y sorprende a los tuyos. ¡La pitahaya no muerde!

 
 
Foto: Photodisc
 
 
 
 
 

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