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Alondra de la Parra, directora de Orquesta Sinfónica

A mi espalda, por las ventanas que todos los días comparten conmigo los atardeceres más bellos de Nueva York, esta noche me cautivan con un concierto de los Beatles interpretado por un grupo del cual desconozco el nombre pero me basta su calidad y la inesperada sorpresa. Todo esto sucede en el muelle número 81 a la orilla del río Hudson, a unos pasos de la calle 42 oeste.

Me encantaría escuchar esas mismas canciones interpretadas por la Orquesta Filarmónica de las Américas que fundó Alondra de la Parra. Sé de antemano que mi fugaz deseo no se cumplirá, aunque ella coincida conmigo en que muchas composiciones de los Beatles son dignas de ser ejecutadas por una orquesta como la suya, la cual dirigió desde el 2003 hasta el año pasado cuando se desintegró.

El motivo es sencillo, para Alondra, la música de los pueblos de América, desde Alaska hasta la Patagonia es su pasión. La tarea consistió en investigar y difundir la obra de compositores cuya característica principal fuera la belleza y complejidad de sus partituras.

Con su singular talento nato, desentrañó del pasado esas obras para darles vida al interpretarlas con la vigorosa filarmónica de las Américas, constituida, también, por músicos jóvenes americanos que encontraron a su lado la oportunidad de expresar su talento.

Alondra nace en Nueva York, a los dos años viaja a la ciudad de México donde inicia clases de piano a los siete y a los trece años, de chelo. Asiste al CIEM, Centro de Investigación y Estudios Musicales, en donde aprende composición. Su dedicación, talento y disciplina le permitieron ingresar como becaria a la Manhattan School of Music de Nueva York, en donde obtiene la Licenciatura en Piano.

A sus treinta años ha llevado la batuta como directora huésped de las principales orquestas sinfónicas y filarmónicas del mundo, entre ellas, las de Madrid, Rusia, Dallas, San Antonio, Dinamarca, etc. Su desempeño ha sido sobresaliente con la Orquesta Juvenil Simon Bolívar de Venezuela, por lo cual recibió la más alta condecoración de esta, elogiada por su espléndida dirección al frente de las de Montevideo, Sao Paolo y Buenos Aires.  En Washington, dirigió en una noche de gala el concierto de Plácido Domingo. Por todo lo anterior se le distinguió por ser el integrante más joven del Consejo de Latin Grammys.

México la nombró Embajadora Cultural del Turismo, actividad que desarrolla impecablemente llevando con dignidad los valores artísticos de ese país. La fama y las distinciones internacionales no la marean. Alondra se mantiene como una mujer sencilla sin presunciones absurdas, pero eso sí, cuando se trata de trabajar es incansable, perfeccionista, apasionada, con la energía que distingue a la mujer latina capaz de alcanzar las estrellas más altas de su propio firmamento.

 

Photo Credit: Getty Images

 
 
 
 
 
 

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