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El color de la maldad, de Armando Rodera

Cuando descubro por casualidad a un joven autor, me llena de júbilo y al mismo tiempo me provoca una extraña sensación de temor. La alegría se me da de manera espontánea por el solo hecho de reconocer que a muchos jóvenes de hoy escribir les provoca la misma pasión que a mí.

Sin conocerlos de carne y hueso, su trabajo va desvelando su personalidad, el amor por la literatura y el acercamiento a la perfección del lenguaje. Es un espejo nítido de sus intenciones. El temor es inevitable en cualquier autor, todos lo padecemos y solo tiene un calificativo: fracaso.

El color de la maldad me rondaba sin animarme a leerlo, probablemente la portada me asustaba. Sin embargo, al ojear los agradecimientos del autor Rondera en su libro, me topé con la nota sobre Blanca Miosi (El Manuscrito I El Secreto). Sin pensarlo emprendí su lectura, con tal tino que resultó ser una novela policiaca espléndida, con pasajes aterradores por el fanatismo de un asesino en serie.

La narración se inicia en Madrid y recorre diversas regiones del país después del secuestro de una joven pareja en la Sierra de Gredos, en la zona de Ávila.

Al comisario Bermejo, un investigador de la policía judicial con mejor olfato que un sabueso, se le encomendó la misteriosa desaparición de Laura y Ramiro, jóvenes adinerados y cuyas familias le solicitaron a las autoridades discreción.

Bermejo, achacoso, malhumorado, descuidado en su persona y a unos meses del retiro, el desafío por esclarecer con prontitud el caso le trajo nuevos aires. Las incógnitas que presentaba la investigación le devolvieron la adrenalina perdida dentro de la burocracia policiaca de Madrid.

Por razones de jurisdicción territorial, Bermejo acepta a regañadientes la colaboración del sargento Roncero, un oficial recién egresado de la universidad con título de psicólogo. Por si esto fuera poco para la sagacidad y experiencia del viejo comisario, en cada esquina de la investigación se entromete la bella periodista Miriam Montfort, quien no se amilana ante el peligro y menos por el mal genio de Bermejo.

El color de la maldad es un libro que se debe leer por el suspenso y el pavor que provoca en el lector y la fina descripción de los escenarios en donde se desarrolla la historia, lo que la hace aun más placentera.

El autor, Armando Rodera, es un joven admirable por su obra, bien documentada, articulada, con un superior manejo del suspense y con un atributo muy plausible. Su interés por publicar sus novelas en formato de libro electrónico, sin duda, se lo debe a su profesión primera, ingeniero en sistemas.

 
 
 
 
 
 

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