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El testigo, de Juan Villoro

Junto con Jorge Volpi, Ángeles Mastretta y Daniel Sada, Juan Villoro representa la nueva generación de escritores mexicanos que ha logrado traspasar las fronteras de otros países de habla hispana. Ha ganado el premio Xavier Villaurrutia por el libro de cuentos La casa pierde, el Mazatlán por su libro de ensayos Efectos personales, y el galardón del International Board on Books for Young por el libro para niños El profesor Zíper y la fabulosa guitarra eléctrica.

El testigo es la historia de Julio Valdivieso, un autoexilado como tantos jóvenes que se van de su país a estudiar al extranjero para después de años dejar la tierra extraña que los acogió, ensanchando el horizonte.

Valdivieso regresa de Francia con su esposa Paola y sus hijas a la ciudad de México, para recuperar el pasado que no vivió ahí y, que por supuesto, jamás lo reintegrará al archivo de memorias cotidianas, ni siquiera al de eventos relevantes. El país es otro, el partido político, monolítico, que lo gobernó por decenas de años se ha ido de los edificios públicos, los habitantes dibujan torpemente una sociedad esperanzadora y más justa.

Julio procura reconocer los cambios sin éxito, viaja al interior para reencontrarse con el pasado familiar en el rancho Los Cominos del tío Donasiano. La tierra provinciana le sienta bien; sin embargo, la cercanía a la memoria del poeta moderno de México, Ramón López Velarde (1888-1921), le turba.

Sucede que en su prisa por irse a estudiar a Florencia en Italia, plagió la tesis de un estudiante uruguayo asesinado por los militares en esa república sudamericana. El texto lo encontró en la biblioteca de la universidad donde realizaba el servicio social obligatorio como parte del programa para obtener su título profesional. El pecado lo llevó siempre en el más profundo secreto, el nombre del poeta López Velarde, tema central del texto, lo persiguió por noches enteras previas al examen final.

La visita a la propiedad del tío lo acecha con los fantasmas del poeta y de Nieves, el primer amor que nunca coincidió con el propósito de una vida común, a esto se suman las largas charlas con el sacerdote Monteverde a quien el tío le confiesa pecados imaginarios. Le recuerda páginas siniestras de la historia, la guerra cristera que fuera de ruborizarlo le exaltó el ánimo contra aquellos mojigatos que acompañados de hipocresía se meten en las iglesias a darse golpes de pecho.

El testigo, Julio Valdivieso, es precisamente eso, un espectador de los cambios políticos, el efecto en la familia cercana, en la vasta propiedad rural del tío Donasiano y el amor perdido en el pasado.

Un texto brillante, desarrollado de manera inteligente. Los personajes hablan con naturalidad, las voces cadenciosas hacen resaltar las diferencias culturales nítidamente. Las descripciones de la ciudad, la provincia, las costumbres rurales y las urbanas, los modos de vidas y las tradiciones de un país vibrante, le dan al lector la sensación de presenciarlos por sí mismo.

 

 
 
 
 
 
 

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