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Gracias a los chiquitos…

Para mí, no hay nada más gratificante que estar rodeada de niños. Hace unos meses, me tocó asistir a una gala para recaudar fondos con el fin de llevar agua potable a comunidades remotas en África. Allí, conocí a un señor muy especial, que resultó ser directivo del  
Madison Square Boys and Girls Club
, en Nueva York. Joe, como le llaman cariñosamente, lleva gran parte de su vida educando a los más pequeños y ahora se encarga de convencernos a todos de la importancia de dar.

Se acerca el día de Acción de Gracias y esto me puso a meditar. ¿Seré yo, lo suficientemente agradecida con la vida?, pensé. Como comunicadora, entiendo que tengo una gran responsabilidad con las generaciones futuras, de llevar un mensaje perseverancia y lucha incansable para lograr alcanzar nuestros sueños.

Todo esto, más la amable invitación (y paciencia) de María Medina, coordinadora del Columbus Boys and Girls Club, me llevó hasta el Bronx. Big Red Chair es una iniciativa del club para promover el amor por la lectura en los niños. Ayer, tuve el honor de leer el cuento ‘Twas the Night Before Thanksgiving, frente a 20 caritas inocentes que me atendían detenidamente, para luego preguntar: “¿qué pasó con los pavitos, se los comieron o no?”

La experiencia de tenerlos a todos cerquita y ver cómo reían a carcajadas porque la familia del cuento prefirió esconder los pavitos y comer tostadas con mermelada en Acción de Gracias, no tiene precio. Como no tiene precio la oportunidad que la vida me ha dado de llevar un mensaje. ¿Cuál es tu mensaje? Yo pude comprobar cuál es el mío, gracias a los chiquitos…

 
 
 
 
 
 

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