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La mitad del cielo en Madrid

Por Rosario Romero

Las mujeres ocupan la mitad del cieloConfucio

Bellas, virtuosas y devotas. Desnudas, bajo el subterfugio de la mitología, para ser contempladas por ellos. Santas, vírgenes y mártires. Esposas, hijas o madres de. No es fácil encontrar en la historia del arte la imagen de mujeres fuertes, combativas, independientes y  triunfadoras.  Por eso, Madrid celebra la creatividad de las mujeres, su fuerza, su poder, su resistencia, con cuatro exposiciones muy recomendables. Las mujeres y el poder en el Museo del Prado. Heroínas en el Thyssen. Feminismo en el Reina Sofía. La imagen de la mujer en el Museo Lázaro Galdeano. Miradas diferentes, épocas distintas, magnificas obras y un largo camino que recorrer hacia la igualdad.

De todas las obras que se presentan en esas exposiciones, les invito a detenernos  en una pintura barroca de Guido Reni que se muestra en el Thyssen: Atalanta e Hipomenes, historia basada en Las Metamorfosis de Ovidio.

Atalanta, hija de Iasos y Crímenes fue abandonada por su padre al nacer, ya que éste prefería un varón. Amamantada por una osa, creció salvaje y poderosa, formidable en su fuerza y en su belleza. La más veloz y valiente, única mujer que acompañó a Jasón en busca del Vellocino de oro. De vuelta a la Arcadia, su padre quiso casarla y ella puso como condición que su pretendiente tenía que vencerla en una carrera y que si este perdía debía morir. Hipomenes aceptó el reto inflamado de pasión y deseo cuando vio a Atalanta correr desnuda, como lo hacían los atletas varones. Esa aceptación enamoró a la heroína que “ama y no nota el amor”. El amor la debilita, ya que sabiéndose más rápida que su contrincante, le preocupa vencerlo puesto que el precio de la derrota es la muerte.

Hipomenes recurre a Venus para hacer una trampa. Venus le entrega tres manzanas de oro que serán tiradas a lo largo del recorrido para distraer a Atalanta y que retrase su carrera. El momento en que cae la tercera fruta, es el elegido por el pintor Guido Reni: la heroína se agacha para recogerla y su contrincante, mirando hacia atrás y reconociendo su ventaja, corre hacia la victoria. Es sin duda el momento álgido y definitivo de la historia, el que decide el triunfo.

La extraordinaria belleza de los dos cuerpos, el fuerte movimiento y la tensión del momento, despierta en el espectador emoción y curiosidad. La obra nos deja estupefactos por su fuerza y su dramatismo, pero también porque nos despierta las ganas de conocer, de saber más.

Cuerpos bellos que Reni  trata con convicción clásica, tanto, que Hipomenes nos recuerda a una de las figuras de las metopas del Partenón, en la que Fidias esculpe amorosamente el cuerpo de un lepita en lucha contra un centauro. Atalanta está representada con un cuerpo de formas redondeadas y sensuales, inclinada hacia el suelo, apoyada en la pierna derecha. Hipomenes, se impulsa hacia adelante con la pierna derecha al tiempo que mira hacia atrás y apoya el pié izquierdo en el suelo. Es una maravillosa composición en la que hay elementos contrastados y contrapuestos, equilibrio y dinamismo al mismo tiempo. Las telas y los colores profundizan en este contraste. Un paisaje apenas esbozado al fondo para no distraer al espectador de lo verdaderamente importante: las dos figuras protagonistas.

¿Qué ocurrió después? Venus, tantas veces vengativa, no le perdonó a Hipomenes que en medio de la felicidad por haber ganado la carrera y, por lo tanto, a su amada, se olvidara de darle las gracias por la ventaja que había conseguido gracias a su ayuda.  Despechada por la insolente ingratitud, convirtió a los dos amantes en leones cuando pasaban por delante del templo de la diosa Cibeles. Un irónico final para dos hermosos seres victoriosos que fueron así condenados a una forzosa castidad.

Miremos a la salida del museo la famosa fuente madrileña en la foto y recordemos la historia.

 

 
 
 
 
 
 

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