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Mujercitas, Louisa May Alcott

Les confieso que es la tercera vez que leo esta espléndida novela. La primera ocasión sucedió cuando cursaba la primaria en la ciudad de México, era un libro obligado en el curso de español. Recuerdo que disfruté mucho su lectura y junto con mis compañeros de clase pasamos la semana empatando a los personajes con nuestras amigas del “cole”.

En la escuela secundaria, otra vez, resultó lectura obligatoria en la asignatura de Literatura. El trabajo más complejo exigía diseccionar el argumento, la influencia del texto en la sociedad y temas inherentes a los personajes. Entonces, adolescente y rebelde, desestimé el valor de esta pieza clásica de la literatura universal.

Ayer por la tarde Mujercitas fue una grata compañía, el reencuentro con las hermanas March me robó las horas hasta la medianoche cuando llegue a la página final con un dulce sabor de boca y varios temas por reflexionar.

Cartas a mi mamá

Meg, Margaret, es la hermana mayor, con inclinación a corregir e instruir a las menores. Jo, Josephine, solo porque la naturaleza la hizo mujer su conducta bien podría pasar por la de un adolescente varón, arriesgado y sagaz, a pesar de su predilección por la literatura.

Beth, Elizabeth, es la típica niña querida por todos, positiva, a quien la vida la colma de ilusiones y todo lo que mira es color de rosa, igual a las dulces melodías con las que llena la casa de optimismo de mañana y por la noche. A Amy le da por dibujar, y transita displicente por un mundo en el que nunca sucede nada.

Todas, a pesar de su juventud, trabajan en diversas faenas para ayudar a la restringida economía familiar, lo mismo de dama de compañía que aseando los hogares de otras familias en mejor posición que ellas en Nueva Inglaterra, sin por eso dejar de asistir al colegio.

 
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