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Sofía Vergara, el otro rostro

En 1998, a raíz del asesinato de su hermano mayor resultado de un infructuoso secuestro, sumado a varias ofertas para trabajar como modelo, anfitriona de televisión y otros proyectos vinculados a su incipiente carrera artística, decide irse a vivir a Miami, llevándose con ella a su señora madre y al pequeño hijo fruto de su breve matrimonio con Joe Gonzáles.

Las dificultades no tardaron en llegar debido a que su carrera le exigía cada vez más estar ausente de casa debiendo dejar al crío al diligente y cariñoso cuidado de la abuela.

Sofía, con la estructura familiar de buenos principios, hubo de sacrificar en muchas ocasiones interesantes ofertas de trabajo que la hubiesen llevado con antelación al estrellato del cual hoy ya es dueña y señora. Sin embargo, prefirió darle la atención a su hijo Manolo, hoy un joven de veinte años, hecho y derecho. Además de darle tiempo de calidad, supo apretarlo cuando las circunstancias lo ameritaron.

Salma Hayek

Sofía Vergara me provoca un gran respeto como ser humano, pues ha sabido ser una buena madre, el tesón profesional que la encumbró no la hizo perder los pies del piso, el talento inusual que tiene para los negocios le rinde sumas importantes por la manera de conducirlo con la visión que exige una industria tan competida como lo es la moda. Hija acomedida, agradecida y generosa con su madre, y de su ascenso a la fama era de esperarse con todos los atributos que posee, belleza, inteligencia y audacia, que en algún momento abusara de ellos, pero al contrario, se mantiene sensata, no se deja marear; en equilibrio para ejemplo de las mujeres y hombres que admiran a la estrella.

 
Foto: Getty Images
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