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Stieg Larsson, testigo de una violación

El afamado autor de la trilogía Milenio, que incluye como primera novela The Girl with the Dragon Tattoo, presenció a los catorce años, en un campamento estudiantil en su nativa Suecia, cómo varios de los compañeros violaban a una chica de su misma edad. Sin participar en el delito, tampoco tuvo el valor para defender a la víctima, ni tampoco para denunciar el hecho al director del campamento o a las autoridades.

Días después se encontró con la chica violada, se acercó a pedirle una disculpa por su cobardía y como respuesta recibió el desprecio de su rechazo e indignación, sin aceptar de ninguna manera la excusa por la conducta vergonzosa del joven Stieg.

El dramático incidente lo hizo sentirse culpable por el resto de sus días, lo mismo que lo convirtió en un defensor de los derechos de la mujer, un feminista a ultranza, sin llegar a conocer, por su muerte prematura a los 50 años, si esta postura le sirvió de bálsamo o no para curar la pena.

Stieg Larsson crece en el campo, bajo la tutela de los abuelos, padece de insomnio a los 14 años. Para aliviar el mal, escribe por las noches en una máquina de escribir que recién le obsequiaron, el ruido de las teclas no dejaba dormir a los demás en la casa y, sin remedio, lo envían al garaje.

Trabaja como lavaplatos y en una fábrica de papel, viaja a África en dos ocasiones. En 1999 se inicia como diseñador gráfico en una agencia de noticias y su espíritu crítico lo convierte en el promotor de las primeras manifestaciones contra la guerra en Vietnam, participa en la Liga de Trabajadores Comunistas, lucha por los derechos humanos y en contra de la ultraderecha antidemocrática y el racismo.

En los años 80 colabora con el proyecto para fundar el movimiento “Alto al Racismo”, y funda y dirige la revista Expo. Como periodista, el autor realiza varios trabajos de investigación sobre temas políticos y financieros, que lo hacen flanco de persecuciones y represalias de quienes censura.

Conoce a Eva Gabrielsson durante una de las manifestaciones, y se vuelve su pareja por 32 años hasta el día en que murió, tres horas después de enviar a su editor los manuscritos de Milenio.

Con Eva nunca se casa por temor a las represalias de la ultraderecha en su contra por su belicosidad periodística, la intención de protegerla política y legalmente. Hoy en día, se ha tornado para ella en una pesadilla por no ser sujeta del legado de su compañero de vida.

En Suecia, la figura jurídica de compañera no existe. Tampoco la larga relación de la pareja tiene validez legal, para que se considere a Eva como la legítima heredera de los bienes de Larsson. Para esto debieron haber contraído matrimonio bajo las leyes del código civil.

Los benefactores de la inmensa fortuna que Stieg Larsson dejó a su muerte son sus familiares, con quienes no tuvo contacto desde que él tenía 18 años.

 
 
 
 
 
 

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