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Tres metros sobre el cielo, de Federico Moccia

Un título seductor para una historia encantadora. ¿El lugar? Roma, 2005. El autor nos traslada a ese periodo de la vida adolescente que hubiésemos deseado nunca terminara. Pareciera que fue ayer cuando lo vivimos, evoca nuestros propios recuerdos, las experiencias similares a las de los personajes del libro perduran nítidas en nuestra mente.

¿Qué decir del corazón que todavía palpita por alguna travesura pasada, la candidez del primer beso o la primera vez?

El libro comprende todos los ángulos de ese inolvidable periodo al que percibimos breve y nos afanamos por mantenerlo cerca.

Los lazos familiares, las “batallas campales” entre hermanos y hermanas, la incomprensión de los adultos a la adolescencia, la necesidad de aceptación en el grupo de chicos y chicas del colegio, las riñas a puñetazos por el simple hecho de sobresalir como el más bravo entre los demás.

Las motocicletas, la ropa de marca, las primeras agitaciones que provocan el probable amor,  el revoloteo de las mariposas en la boca del estómago, las enigmáticas sensaciones que surgen de la proximidad con el sexo opuesto, las “pintas”, las escapadas del “cole” para vagabundear por ahí.

Los personajes centrales son Step, Stefano, Babi. Alrededor de ellos surgen protagonistas de acuerdo con la narración; múltiples nombres que encaran la conducta adolescente. Todos ricos, detallados por el autor de acuerdo con la escena.

Excelso el encuentro de Claudio, el padre de Babi con el novio Step, para disuadirlo de su relación con su hija.

Inteligente ese relato, humano, realista, tentador. Es la esencia de cómo la autoridad es subjetiva, humana, débil.

Sin descontar que podemos tocar el cielo.

Federico Moccia, joven autor y guionista, nació en 1963.

La traducción al español no le hace justicia al texto original, tropezada, malograda la exigencia bicultural.

 
 
 
 
 
 

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