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Adiós a los “vampiros emocionales”, parte I

Hay personas que, sin pecar de cursis, podríamos decir que son como una reconfortante sopa de pollo para el alma. Cálidas, simpáticas y amables, siempre nos dejan con una agradable sensación de bienestar. En cambio, hay otras —y aquí se escucha el fondo musical de un filme de terror— que después de interactuar con ellas nos dejan drenadas emocionalmente, como si hubiéramos sido atacadas por un “vampiro” que nos chupó hasta la última gota de energía. ¿Cómo podemos deshacernos de los “vampiros emocionales”?

La solución más lógica es alejarnos de ellos. El problema es que no siempre podemos poner distancia de por medio. A veces el “vampiro” duerme a tu lado en la cama, comparte la oficina contigo o es tu mejor amiga desde la infancia. Incluso puede ser una persona que tiene otras buenas cualidades y que no deseas sacar del todo de tu vida.

Tácticas para sobrevivir

La solución no radica en tratar de cambiar a esa persona porque ya sabemos muy bien cómo nos va cada vez que lo intentamos: ¡fatal! Y es que existen tantas posibilidades de cambiarla a ella, como de que ella nos cambie a nosotras; o sea, de cero a ninguna.

Es por eso que el primer paso para neutralizar al vampiro emocional consiste en identificar su patrón, o su modus operandi. Reconocer el problema, y cómo se manifiesta, te permite verlo en forma concreta, como algo ajeno a ti que le pertenece a la otra persona. Esto te ayuda a mantener la distancia emocional, a retener la perspectiva, y —lo más importante— a cambiar la forma en que procesas y manejas la situación. De esta manera eres tú, y no ella, quien mantiene el control de tus emociones. Armada con esta información podrás neutralizarla.

Aguafiestas

Su misión de vida es, alfiler en mano, desinflar cualquier globito de ilusión que puedas tener. ¿Estás enamorada? ¡Cuidado!, te advierte.

“Ese hombre te destrozará el corazón”. Si le cuentas que te va bien en el trabajo, te recuerda que pronto habrá despidos masivos a nivel global. Después de interactuar con este ejemplar te sientes deprimida, como si la vida realmente fuera un tango. El problema ocurre porque esperas una respuesta optimista, algo que esta persona —por sus propios motivos, que pueden abarcar del pesimismo a la envidia— es incapaz de darte. La solución: cuando recibas una de sus sentencias negativas, recuerda el refrán que dice que “Las cosas se toman como de quién vienen”, y no te contagies de su pesimismo. Jamás acudas a ella con tus proyectos e ilusiones; reserva éstos para una persona más positiva que, lejos de desanimarte, te ofrezca una perspectiva más balanceada.

Mentirosa

 ¿Cómo sabes que te está mintiendo? Porque sus labios se mueven. A estas alturas, no sabes si miente por placer o porque ella misma se cree sus cuentos. Después de interactuar con este ejemplar te sientes confundida, traicionada o burlada, lo que muchas veces te llena de ira. La solución: como es imposible diferenciar entre la realidad y la fantasía, desoye sus palabras y, de todo lo que te dice, toma en cuenta sólo los hechos reales y contundentes. Al principio te resultará difícil, porque a la persona que no miente le cuesta creer que otras lo hacen, pero una vez que te reprogrames, escucharás sus palabras como quien oye llover.

 
Foto: iStockphoto
 
 
 
 
 

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