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Adiós a los “vampiros emocionales”, parte II

Hace un par de semanas hablamos de lo agotadores que pueden ser los “vampiros emocionales“. Aquellas personas que en vez de hacerte sentir bien y aportarte buena energía, te roban la tuya y te dejan con mala sensación. Estas son las otras clases de “vampiros emocionales” con los que debes tener cuidado y establecer sanos límites y distancia. 

Problemática

Su estatus permanente en los sitios sociales podría ser “Es complicado”. Si la invitas a una fiesta, te aclara que no irá si va Fulano, creando un drama incluso antes del evento. En el trabajo tiene conflictos con todos los departamentos, y siempre por culpa de los demás. Después de interactuar con este ejemplar te sientes agobiada, tensa y frustrada. La solución: resiste a toda costa el impulso de participar en el drama. Éste no te pertenece y nada tienes que hacer para solucionar un problema que tú no has creado. Por ejemplo: planifica la fiesta y déjale saber que es libre de asistir, pero que si decide declinar la invitación, entiendes perfectamente y ¡no hay problema! Esta última frase es kriptonita verde para los conflictivos, que vuelan a los problemas como las mariposas a las flores. De nuevo: resiste, resiste, resiste el impulso de involucrarte en el drama.

Veleta

Cada vez que tiene un problema te llama para pedirte ayuda, la que acepta a manos llenas. Pero ¿qué pasa si eres tú la que necesita de ella? Que siempre está ocupada o no contesta tus llamadas (¿cuántas veces puede una persona dejar caer el teléfono celular en el agua, borrándose toda la información?). Esta clase de persona suele ser tan egocéntrica, que muchas veces no se da cuenta de su falta de reciprocidad. Para ella es normal que tú, y el resto del mundo, la sirvan a cuerpo de reina, sin que ella tenga que devolver el favor. Después de interactuar con este ejemplar te sientes totalmente utilizada. La solución: no es necesario que enfrentes a la otra persona y tampoco que rompas con ella “formalmente”. Basta con que dejes de rescatar, de servir y, sobre todo, de ofrecerte de voluntaria para el abuso. Interactúa con ella solo cuando sientas que el intercambio es parejo. A partir de ahora, invierte tu tiempo y tus recursos sólo en aquellas personas que sepan reciprocar.

Damisela en apuros

¡Otra vez le rebotó el cheque de la hipoteca! ¡Una vez más le suspendieron la licencia por no pagar sus multas! ¡Ahora la despidieron del trabajo! Tú la aconsejas, la alientas, la rescatas, la escuchas, piensas que por fin aprendió… y al otro día hay una nueva crisis. Después de interactuar con este ejemplar quedas agotada mental y emocionalmente. Esta persona no deja madurar a los demás, no les permite enfrentar las consecuencias de sus actos. Nunca se ve afectada por su inmadurez, no tiene necesidad de aprender de sus errores y nunca enmienda su comportamiento. Comienza a hacer todo lo contrario de lo que sueles hacer: deja de rescatarla y la estarás ayudando a convertirse en una persona responsable. Verás qué enorme peso te quitas de tus hombros. Y qué gran favor le haces a ella.

 

 
Foto: iStockphoto
 
 
 
 
 

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