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Cómo compartir la cocina de tu casa con tu suegra

Si las mujeres somos las reinas de la casa, la cocina, al menos para la gran mayoría de nosotras, viene siendo como nuestro trono y allí nos inspiramos y nos sentimos poderosas. Porque es muy cierto, como me dijo hace poco un amigo, que las mujeres somos territoriales. Incluso en los matrimonios donde es el hombre quien cocina la mayoría de las veces, es su esposa la que dice la última palabra en la organización y control. Eso explica por qué muchas veces resulta difícil que dos mujeres convivan bajo un mismo techo… o en una misma cocina. Y si la mujer con la que nos vemos obligadas a compartir el espacio resulta ser nuestra suegra, las cosas son incluso más delicadas. Esa mujer adorada y respetada por tu esposo fue la reina de la cocina de su infancia, y tu relación con ella es parte inseparable de tu vida matrimonial.

Si tu suegra está de visita en tu casa o vive contigo (esperemos que por un tiempo), pon en práctica estos consejos para evitar sentirte desplazada y a la vez no ofender a la madre de tu esposo.

• Explícale cómo te gusta hacer las cosas en TU cocina. A veces la molestia que causan la vajilla fuera de lugar o el uso inapropiado de tus utensilios se puede evitar con una breve conversación en la que le expliques y la orientes. Hazlo de manera respetuosa, pero sin dejar dudas de tu posición de mando.

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• Dos cuerpos no pueden ocupar un mismo espacio. Es una ley básica de la física. Pónganse de acuerdo y no traten de trabajar las dos a la vez en la cocina. Ya sea explícitamente o con tacto y en silencio, hazte a un lado de vez en cuando para evitar “tropiezos” indeseados.

Asígnale algunas tareas. El tiempo es escaso en la vida moderna, y lo más probable es que desde hace meses hayas estado posponiendo algunas tareas. Permitirle que te ayude (sobre todo con las labores que menos te agraden) la hará sentirse útil y te quitará parte de la carga.

• Dale luz verde para que prepare sus recetas. De vez en cuando, cédele el espacio para que prepare los postres que tú misma nunca vas a hacer. Dedica un día a la semana a que cocine algún plato familiar que tu esposo recuerde con nostalgia. Muéstrale interés por aprender… aunque nunca tengas pensado hacerlo.

 
Foto: Brand X Pictures
 
 
 
 
 

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