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Conducir con el ejemplo

Uno de los cambios irreversibles en nuestras vidas cuando comenzamos a ser madres es el de ser observadas constantemente por nuestros hijos. No deja de sorprender cómo esos pequeños están al tanto de detalles que pasarían inadvertidos para otras personas, y que incluso ellos mismos dan la impresión de no estar prestándoles atención.

Hace unos días salíamos en el auto de mi esposo, uno de esos de cambios “mecánicos” o “manuales” que son para mí territorio aún por conquistar. Al poner la palanca en marcha atrás, aparentemente no entró bien a donde tenía que entrar y el resultado fue un desagradable y alarmante (al menos para mí) ruido metálico. Mi hijo de tres años, que hasta el momento estaba ensimismado con un juguete en su asiento, se rió con ganas y dijo con todo burlón: “Papá se equivocó”.

Ese tipo de reacción, más o menos explícita, es común en los hijos ante los esfuerzos, logros y fracasos de sus padres. Ya sea con socarronería o con admiración, los niños nunca son indiferentes a nuestros actos y estos les deben servir siempre de enseñanza. Por eso, al conducir con ellos en el auto, además de hacerlo con extremo cuidado velando por su seguridad, lo debemos hacer respetando todas las leyes y regulaciones, dando muestras de cortesía y controlando las manifestaciones de irritación.

De ese modo estaremos además predicando con el ejemplo, que es a fin de cuentas la mejor manera de instruir. Esto es importante sobre todo con los chicos y chicas adolescentes que hayan empezado o estén a punto de empezar a conducir. Dicen que lo que bien se aprende no se olvida, y debe haber algo de cierto, porque yo todavía conservo hábitos y procedimientos a la hora de manejar que me transmitió mi primer instructor.

 

Photo Credit: Pixland/Jupiterimages

 
 
 
 
 
 

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