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Cuando tu casa es tu oficina

Mantener el equilibrio entre el trabajo y la familia ha sido siempre un asunto delicado. Al principio era un problema exclusivo de los hombres, que eran los únicos que salían de la casa a trabajar mientras nosotras preparábamos la cena y cuidábamos a los hijos. Con la integración de la mujer en todas las facetas de la sociedad, también nosotras empezamos a enfrentar ese dilema: cómo distribuir el tiempo entre las labores domésticas, la atención a los niños y las obligaciones laborales, sin descuidar ninguno de los aspectos.

Uno de los consejos más comunes era dejar los problemas del trabajo en la oficina y no arrastrar los problemas familiares al trabajo, así como limitar las horas de trabajo a las imprescindibles y reducir al mínimo el trabajo que se trae a la casa. Pero, ¿qué sucede cuando el trabajo y la familia están bajo un mismo techo. Con las computadoras personales, los teléfonos inteligentes, el acceso a conexiones de Internet rápidas y confiables, la oficina en realidad puede estar en todas partes.

Si trabajas en la casa, ya sea de vez en cuando o de manera permanente, considera estos consejos para dejar un tiempo y un espacio para la familia.
Delimita tu área de trabajo. La habitación que uses como oficina o taller, el rincón donde pongas un escritorio o el sofá donde te sientes de manera regular con la computadora portátil, tiene que ser un territorio sagrado.
Impón respeto por tu ocupación. Algunos empleos, sobre todo intelectuales o manuales, con frecuencia son menospreciados hasta el punto de no considerarse “trabajo”. Dedica un tiempo a explicar tus obligaciones y las exigencias de tu trabajo. Deja bien claro tu necesidad de concentración.
Organiza un horario de trabajo. Siempre que sea posible, evita trabajar los fines de semana y los días festivos. Establece un día y un momento para cada tarea doméstica para que no interfieran con tu trabajo.
Aprende a decir NO. Muchos piensan que por estar todo el día en la casa estarás disponible para diligencias y trámites de los que no pueden ocuparse quienes trabajan de 9 a 5. ¡No aceptes ninguna encomienda! Con el primer favor que hagas estarás sentando un mal precedente.

Foto: Fuse

 
 
 
 
 
 

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