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Diles adiós a los problemas

¡Literalmente! Si te pones a pensar, la mayoría de nosotras pasamos más tiempo lamentándonos de nuestros problemas que disfrutando de todas las bendiciones que tenemos. Pensar en nuestros problemas y quejarnos al respecto nos consume el tiempo, la existencia y el bienestar personal. Aunque no todos los problemas tengan una solución, sí la tiene la forma como los enfrentamos.

Si algo no te gusta, no lo mires: Una de las constantes quejas que tenemos tiene que ver con algún descontento respecto a nuestro cuerpo. Que si el pelo amaneció de pelea con el cepillo, que si el pedazo extra de pastel que nos comimos anoche se nos nota esta mañana en los gorditos, que si nos salió una espinilla. ¡Detente! Somos seres humanos y por ende, imperfectas, no hay necesidad de darnos palo al respecto. Si hay algo que te incomoda de ti un día en particular, no lo mires. Evita los espejos, los vidrios o las pantallas donde tus ojos se conviertan en tu peor crítico, al final del día lo más seguro es que lo hayas olvidado.

Calla tu propia voz: Si hay un juez estricto y sin misericordia, ese somos nosotras mismas. Pues es hora de que retomes el poder de tu propio universo mental y le digas a tu voz interior que o se dedica a tratarte con afecto o bien puede tomarse unas merecidas vacaciones. Así de simple, cuando te llegue el deseo de juzgarte y autocriticarte, recítate a ti misma una frase positiva, cántate la canción que más te guste o piensa en el último capítulo de tu novela favorita. El truco: distraerte del pensamiento negativo.

Enfrenta: Hay ciertos problemas que tienen solución y otros que no la tienen. La única manera de decidir de cuál se trata es enfrentar la situación: si estás enojada con tu mejor amiga por un comentario que hizo, busca la manera de hacérselo saber; si le debes dinero a tu hermano y no tienes cómo pagarlo ahora, habla con él honestamente; si llevas años trabajando en tu empresa sin recibir un aumento y el dinero no te alcanza, encuentra la manera de hablar con tu jefe al respecto. En vez de pasarte horas interminables sufriendo sobre las distintas posibilidades, enfrenta la situación y resuélvela de la mejor manera posible.

Todo a su tiempo: Hay instantes para comer y otros para dormir, hay momentos para bailar y otros para ver cine, hay ocasiones para estar en pareja y otras para estar contigo misma. Dale un tiempo específico durante el día para recapitular las situaciones que te tienen preocupada. Por media hora busca un espacio privado para pensar en lo que te aflige, considerar las posibles soluciones y seguir adelante. No dejes que un problema se adueñe completamente del resto de tu vida y se convierta en tu mayor motivo de estrés.

 Foto: iStockphoto

 
 
 
 
 
 

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