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Los colores y la orientación sexual de los niños

Un anuncio de la compañía JCrew en el que una madre le pinta las uñas de los pies de rosado a su hijo de cinco años ha causado polémica y ha indignado a las mentes más conservadoras. Mientras unos llegan a asegurar que los colores pueden determinar la orientación sexual y esa madre está condenando a su hijo a un futuro de confusión y sicoterapia, otros están convencidos de que es algo superfluo, un juego de niños al que, como tantas cosas, se le da demasiada importancia.

 Mis primeros recuerdos relacionados con lo que resulta apropiado para uno u otro sexo se remontan a las visitas durante mi infancia a la casa de mis primos. El mayor de ellos, de unos dos años más que yo, se empeñaba en demostrar que era el más masculino de todos: “No quiero polvos en la cara”, “Los varones no se echan laca en el pelo”, “Esos zapatos son de niña” y otros comentarios por el estilo.

Paradójicamente, ese mismo primo, unos años más tarde, fue el primero de los chicos de la familia en aparecerse un día con un arete cuando era adolescente, y en comprarse una camisa rosada cuando se pusieron de moda. Y es que el look de las personas, como la estética misma, es relativo y cambia con el tiempo, con la edad y con cada cultura. ¿Acaso en otras épocas los hombres no se ponían pelucas, se empolvaban el rostro y lucían unas chulísimas “pantimedias” y zapatos con hebillas?

 Yo respeto todas las opiniones, pero no me espanta que, como sucede de vez en cuando, mi hijo de tres años salga del clóset (sin intención de hacer un juego de palabras) caminando con unos zapatos y un bolso mío. Celebro a esa madre que le da plena libertad de expresión a su hijo, y me siento dispuesta a hacer lo mismo.

 
 
 
 
 
 

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