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Buenos modales en la mesa

He leído en alguna parte que si una esperara a la adolescencia para comenzar a enseñarles a sus hijos los buenos modales, lo estaría haciendo con diez años de retraso. Y es cierto que, como sucede con la educación en general, en este caso también se empieza casi desde la cuna.

Sin embargo, algo inexplicable les sucede a los niños cuando van entrando en su segunda década de vida. Además de los cambios que experimentan sus cuerpos, parece que sufrieran una regresión al hombre de Neandertal. En la mesa, donde las muestras de urbanidad son tan importantes, en esos años vuelve el acoso de los codos a la mesa, el masticar con la boca abierta, el uso inapropiado de los cubiertos, la voz demasiado alta… y eso es solamente es lo que se ve en las cenas familiares, porque lo que sucede cuando están entre los compañeros de su edad deja mucho que desear.

Por eso, a pesar de que podemos llegar a sentirnos frustradas, no debemos descuidarnos en esta etapa. Más allá de seguir intentando imponer reglas y disciplina, y repitiendo hasta el cansancio lo mismo noche tras noche (no se habla con la boca llena, no se come con la boca abierta, baja los codos de la mesa…), hay que recurrir a todos los recursos que te puedan ayudar: compra libros sobre modales para los adolescentes, establece modelos de etiqueta con tus propio modales y predica con el ejemplo.

Quizás no tengas que llegar al extremo de filmarlos para que se vean a sí mismos, y se convenzan de cuán desagradables pueden llegar a ser sus hábitos. Tus adolescentes ya son bastante maduros como para comprender las consecuencias de su comportamiento en la mesa… y de lo útiles que serán cuando empiecen a salir con sus novios o sus novias.

 

Foto: Brand X Pictures

 
 
 
 
 
 

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