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Sorpresas de la adolescencia

Aparte de la eterna interrogante que representamos las mujeres para los hombres (¿recuerdan aquel libro titulado “Todo lo que el hombre sabe acerca de la mujer”, y que no era otra cosa que páginas en blanco entre dos tapas duras?) quizás no existan seres tan impredecibles e inexplicables como los adolescentes.

Esta semana, mi hija me ha vuelto a sorprender con una de sus salidas inesperadas. Después de haber insistido hasta el cansancio tratando de convencerla de la importancia de hacer ejercicios físicos con regularidad -con pocos resultados- me ha dicho que quiere empezar a correr, incluso se mostró entusiasmada con la idea de participar en el programa Girls on the run, y me aseguró que está decidida a aprender a patinar de una vez y por todas.

Sin darle muchas vueltas al asunto, me dijo que quiere bajar de peso. Esto, en su caso, no sería otra cosa que despojarse de alguna que otra rosquita persistente. Aunque no mencionó nada de dietas, tampoco me preocuparía mucho que lo hiciera: tiene un apetito sorprendente para su edad y come con demasiado gusto como para ser candidata a cualquier peligro de anorexia.

¿Pero de dónde proviene esa repentina preocupación por su cuerpo? ¿Será la euforia de la primavera que se acerca o asomos de madurez y aceptación de la sabiduría de mamá? ¿Tendrá que ver con la sonrisa y el sentido del humor de ese muchacho de su clase del que escucho hablar cada vez con más frecuencia? Sea lo que sea, o una combinación de todos los factores, me alegra su decisión y no voy a perder la oportunidad de incentivarla, para bien de su salud.

 

(Foto vía)

 
 
 
 
 
 

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