image for Regañar a los hijos de otros

Regañar a los hijos de otros

Cuando se trata de regañar a nuestros hijos, entre mi esposo y yo tenemos bien delimitados los papeles del “policía malo”, que es él, y el “policía bueno”, que vengo siendo yo. En ocasiones mi hijo más pequeño, que apenas acaba de cumplir cuatro años, sale corriendo hacia donde estoy yo repitiendo “con mamá, con mamá”, con la esperanza de que un poco menos de severidad le permita salir más fácil del aprieto. Como en las películas (pero sin la violencia característica de los interrogatorios) mi esposo representa la mano dura, la voz potente que pone fin a los altercados.

Pero cuando la necesidad de regañar sale del marco familiar, cuando tenemos que enfrentarnos a la malacrianza de los hijos ajenos, la situación se torna mucho más complicada. No importa si se trata de unos parientes, unos amigos o alguien con quien coincidimos en un parque o algún lugar público: la indiferencia y el despiste de los padres que no mueven un dedo por modificar la conducta de sus hijos desaparecen cuando un extraño abre la boca para criticar o regañar a su adorados angelitos.

Hace unos días me vi en la disyuntiva de quedarme cruzada de brazos ante el comportamiento caótico de un menor (de cuyo nombre prefiero no acordarme), pero terminé siendo “demasiado activa” y a punto de provocar un conflicto con sus padres, que son además amigos de la familia. La sangre, afortunadamente, no llegó al río, pero me sirvió de alerta y encontré algunos consejos para lidiar con el regaño a los hijos ajenos que nos pueden ser muy útiles a todas.

 
 
 
 
 
 

Artículos relacionados

 
 
 

Comentarios