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Segundas generaciones de latinos: ¿De dónde soy?

De acuerdo con los datos oficiales del Censo 2010 en Estados Unidos, la población hispana residente en el país alcanza los 50.5 millones o 16%  del total poblacional. Los hispanos somos muchos y vamos en aumento. Sin embargo, una gran parte de la llamada población latina corresponde a las segundas generaciones que comenzaron su creciente migración en la década de los 70 desde México, Centro y Suramérica. Dichas generaciones nacieron en Estados Unidos, pero sus padres, o al menos uno de ellos, es latino. En medio de las diferencias culturales, económicas y sociales los latinos de segunda generación se debaten entre las raíces de sus ancestros y lo que les aporta la sociedad americana.

“Yo soy chilena”, dice Maribel Piñares, una joven residente de Williamsburg en Brooklyn, “pero nací en Queens”. Ella no es la única y es que la pregunta número ocho planteada por el Censo 2010 para determinar la tasa poblacional pedía a los encuestados indicar si eran hispanos, latinos o descendientes de hispanos. Es decir, no establecía diferencia entre aquellos que nacieron en Latinoamérica y quienes lo hicieron en Estados Unidos, aun siendo de padres latinos.

Pero, ¿por qué, a pesar de haber nacido en el estado de Nueva York, Maribel no se considera americana? “Yo me acuerdo cuando era pequeña mi mamá me regañaba si hablaba inglés en la casa y mi papá me enseñó desde pequeña que yo soy chilena”. Maribel no escribe español y lo habla con acento, aunque entiende casi todo. Este año se unirá a la Fuerza Aérea de Estados Unidos y hace más de 10 años que no visita Chile.

Estados Unidos es un país de migrantes que vienen de todas partes del mundo, incluyendo las naciones hispanas, con sus tradiciones, ritos, comidas, música e idiomas. Aunque el certificado de nacimiento diga lo contrario, los hispanos se enorgullecen de sus raíces y aunque han asumido costumbres americanas, las raíces de sus ancestros siguen prevaleciendo.

“El mayor reto para mí ha sido lograr que las dos [niñas] aprendan y mantengan el español”, dice Sandra Montoya, una colombiana que vive con sus dos hijas, ambas nacidas en Estados Unidos. “Ellas adoran la comida colombiana, se la pasan oyendo salsa y tienen el cuarto empastado de banderas de Colombia, pero a la hora de hablar español es una lucha porque a ellas les da como pena. Yo quiero que entiendan la importancia de ser bilingües”.

En un mundo donde las fronteras geográficas dejan de tener tanta importancia, las segundas generaciones de latinos toman lo que más les gusta y conviene de ambas culturas para crear nuevas formas de vida.

Foto: Todd Warmock

 
 
 
 
 
 

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