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Test: ¿Te está matando la envidia?

La envidia es uno de esos sentimientos que rumiamos secretamente. Y es que aunque casi todos somos capaces de expresar ira, celos, indignación o temor, la envidia se nos hace… vergonzosa; algo que es mejor ocultar para no  parecer mezquinos.

 

Sin embargo, la realidad es que aunque tratemos de barrerla debajo de la alfombra, todos la hemos sentido en mayor o en menor grado. Pero cuando se vuelve una presencia constante, su poder corrosivo puede ser tóxico para el que la siente y, por extensión, para el que la provoca (muchas veces esta persona recibe ataques injustificados del envidioso). Si quieres saber si la padeces y cómo erradicarla de tu vida, responde con toda honestidad.

 

Una compañera de trabajo recibe una promoción. Tú:

A. Propones hacer una celebración en la oficina.

B. Insinúas que hubo amiguismo, nepotismo… o algo peor, si es joven o guapa.

C. Te preguntas por qué no te la dieron a ti y gruñes un poco.

 

Cuando alguien celebra a una persona por linda, inteligente o simpática, tú:

A. Si estás de acuerdo, la elogias también.

B. Señalas algún defecto. O alzas las cejas con escepticismo y sonríes.

C. Te molesta que no dicen lo mismo de ti.

 

Alguien se hará rico y famoso. Si no puedes ser tú, prefieres que sea:

A. Un amigo o un ser querido.

B. Un extraño. No soportas ver el éxito tan cerca y que no sea tuyo.

C. Te da igual.

 

Tu mejor amiga se compromete para casarse antes que tú:

A. La felicitas y empiezan a planear el gran día.

B. Comienzas a distanciarte de ella. La felicidad la ha vuelto superirritante.

C. Te preguntas si algún día te casarás.

 

Cuando alguien sufre un tropiezo en el camino a sus sueños:

A. Tratas de darle ánimo.

B. En el fondo-fondo… te da un poco de satisfacción.

C. Aunque lo consuelas, te importa un bledo.

 

Tu amiga te muestra con entusiasmo su nuevo teléfono celular que hace llamadas interplanetarias y cirugía exploratoria. Tú:

A. Compras uno igual.

B. Compras uno mejor.

C. No te entusiasman las cosas de otros.

 

Una chica en tu oficina ha perdido peso y se ve ¡fabulosa! Tú:

A. La felicitas de corazón.

B. Le haces un elogio envenenado, como “Ahora sólo te falta quitarte la piel flácida”.

C. Cuentas tus aventuras sobre la balanza.

 

¿Eres capaz de regalarle un boleto de la lotería a otra persona?

A. Claro… ¡y le deseo suerte!

B. No, porque si resulta ganador, no podría vivir conmigo misma.

C. Sólo si me compro uno con los mismos números.

 

Las personas ricas deben su fortuna…

A. A su esfuerzo o al de su familia.

B. A la trampa o al trabajo ajeno.

C. A la buena suerte.

 

Las personas muy atractivas y/o talentosas…

A. Tienen mucho que compartir con los demás.

B. Son engreídas y en el fondo menosprecian a los demás.

C. Si no me aportan algo, me son indiferentes.

 

 

LA HORA DE LA VERDAD

Si obtuviste mayoría de A: ¡Felicidades! La envidia no envenena tu alma. Tú disfrutas el éxito ajeno y lo usas para inspirarte y superarte.

Si obtuviste mayoría de B: Tienes el envidiómetro en el máximo. La clave del problema: los celos son el temor de perder algo que tenemos, mientras que la envidia es la frustración de sentir que otro tiene algo que pensamos que no somos capaces de obtener. ¿Cuál es la solución? Transforma la envidia en admiración; úsala para impulsarte a trabajar por tus sueños y ser la mejor versión de ti posible. Quizás nunca tengas tipo de modelo como tu amiga, pero sí puedes ponerte en tu mejor forma; tal vez jamás seas millonaria, pero puedes organizar tu economía y aumentar tus ahorros. En el mismo instante en que comiences a lograr tus metas, dejarás de sentir envidia y podrás compartir con los demás de una manera genuina y transparente, sin ese trasfondo amargo que envenena tu alma y tus relaciones.

Si obtuviste mayoría de C: Tu actitud no es envidiosa, pero sí es egocéntrica. Es por eso que a veces te sientes sola.  Cuando te acerques a los demás con genuino interés, tu vida será más rica y plena.

 

 
 
 
 
 
 
 

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