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Aprende de la perseverancia de los niños


Mi ahijado Alfonso (en la foto de la izquierda), tiene 19 meses y ya hace tiempo que sabe caminar y correr, a veces parece que demasiado. Mi comadre se queja de que está todo el tiempo de arriba abajo. Cuando estaba dando sus primeros tumbos para aprender a caminar, seguramente se habrá caído cientos de veces. 

¿Cómo es que él, tú, yo y el resto de los seres caminantes de este planeta aprendió a caminar? Con perseverancia. Intentándolo una y otra vez hasta conseguirlo. Eso sí, perseverancia inteligente. Cada nuevo intento era desde una nueva consciencia acerca de lo que funcionaba y de lo que no había funcionado.

¿Qué hubiera sido si Alfonso, no  lo hubiera  hecho? Y si su madre le hubiese dicho: en su tercero o cuarto o décimo intento fallido- "Mi amor, no lo sigas intentando, te vas a hacer daño; te has caído ya tantas veces que creo que definitivamente tú no naciste para eso de caminar". Absurdo, ¿no es cierto? Nadie le dice a su hijo que deje de intentarlo; nadie piensa que, porque no le sale bien las primeras veces, está destinado a una vida de rodillas rojas y manos sucias de tanto gatear.

Sabemos que la fórmula mágica que hace posible caminar -y cualquier logro significativo en tu vida– se sustenta en una clave: perseverar hasta lograr. ¿Por qué entonces olvidamos este principio de éxito al crecer, cuando nos funcionó también al principio? ¿No será ahora tiempo de recordar el poder de la perseverancia y ponerlo en práctica con mayor enfoque y determinación? 

En ocasiones "tiramos la toalla" porque creemos que ya lo hemos intentado todo. Pero la realidad es que nunca lo hemos intentado todo. Siempre hay otras formas de intentarlo y quizá de manera más inteligente. El miedo es la fuerza más terrible para dejarte inmóvil mientras consume tu energía.
¡Mis bendiciones!!!

 
 
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