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Los secuestros de niños

Me horrorizo cuando escucho o leo en las noticias algún caso de un niño de cualquier edad raptado o secuestrado, ya sea en Estados Unidos o en cualquier otro lugar del mundo. Recientemente, en una estación de trenes metropolitanos de la ciudad donde vivo, un hombre trató de llevarse, a la fuerza y en pleno día, a una chica adolescente.

Este caso no tuvo mayores consecuencias, pues la niña logró escapar y el hombre salió huyendo, aunque no tan rápido como para impedir que su imagen quedara grabada en las cámaras de seguridad y se hiciera pública en los programas de televisión.

Pero por desgracia, estos raptos en pocas ocasiones terminan con un final feliz: casi el 80 por ciento de los pequeños secuestrados suelen sufrir heridas físicas, explotación sexual o violaciones, daños emocionales e, incluso, hasta pierden sus vidas. Hay personas, por lo general aquellas que todavía no han tenido hijos y no saben lo difícil que resulta controlarlos, que piensan que eso sólo sucede si los padres son negligentes o descuidados, pero en realidad nadie está exento por completo de ser víctima de estos depredadores.

Por eso, todas las madres debemos mantenernos vigilantes y preparar a los niños para que aprendan a cuidarse y no se hagan presas fáciles, por ejemplo, repitiéndoles que siempre deben jugar en grupos, estableciendo la diferencia entre los extraños y las personas desconocidas en las que pueden confiar, e incluso practicando con ellos los gritos más apropiados en una emergencia. Además, se pueden tomar medidas recurriendo a los muchos recursos y organizaciones que ayudan a protegerlos de tales situaciones.

 

(foto vía)

 
 
 
 
 
 

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