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Tareas compartidas

Una amiga que acaba de tener su primer hijo me comentó, con esa voz extenuada que solo dan las malas noches: “Ya tú pasaste lo peor, ya los tuyos hasta te ayudan”. Yo le respondí repitiendo un “sí” cargado de ironía, pero en el fondo no puedo negar que mi amiga tiene mucha razón.

De vez en cuando, me quedo contemplando a mi hija cuando se ocupa de alguna tarea del hogar, y siento una mezcla de orgullo y compasión. Sin embargo, está claro que en una casa todos tienen que poner su granito de arena, y la participación de los menores en las actividades domésticas, además de ser una gran ayuda, se traduce en lecciones que les inculcan valores tradicionales como el sentido del deber, la cooperación y la responsabilidad.

Por eso considero que ellos tienen que asumir las tareas como un deber, y no soy partidaria de recurrir a la allowance o mesada como incentivo para motivarlos. Más allá de organizar sus dormitorios y hacer las camas (algo que ya de por sí debe formar parte de su rutina) puedes comenzar a asignarles verdaderas tareas de la casa a tus hijos, y es importante que al hacerlo tengas en cuenta las actividades apropiadas para cada edad.

Alrededor de los ocho a diez años, por ejemplo, ya te podrán ayudar sin problema a poner la mesa, a fregar los platos, a barrer, a sacar la basura, a echarle comida y agua a la mascota, e incluso a echar la ropa en la lavadora. Si te parece, incluso puedes organizar y distribuir las obligaciones en una pizarra o una tabla y así mantendrás un mayor control de lo que se hace y lo que se deja de hacer.

 

(foto vía)

 
 
 
 
 
 

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