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Libérate de la carga del rencor

De acuerdo con un viejo dicho chino, “odiar a otra persona es igual a beber un veneno con la esperanza de que la otra persona sea la que muera”. Esto es más que un refrán ingenioso; cuando descubres lo que el rencor y el odio pueden hacer en el organismo, entiendes que es una realidad.

Si quieres comprobarlo, tómate diez segundos para pensar en esa persona que no logras perdonar, o a la que le guardas rencor, y fíjate cómo te sientes por dentro. Nada bien, ¿no es cierto? Esto se debe a que en respuesta a lo que piensas y sientes, tu organismo descarga adrenalina y cortisol, las llamadas hormonas de la ansiedad. Se eleva tu presión arterial, se contraen tus músculos y se afecta tu digestión. ¿Y quién sufre todo esto? No la otra persona, sino tú. Es por eso que dejar ir las rencillas y los rencores es algo que hacemos por nosotros mismos, no por la persona que nos hirió.

Lograrlo es un proceso gradual. Primero comienzas por entender el daño que te haces, luego entiendes que perdonar no significa disculpar; no tienes que volver a confiar en quien te engañó ni ser amiga de quien te traicionó. La mejor respuesta es sentar límites y saber hasta qué punto deseas que esa persona esté (o no esté) en tu vida. Lo segundo es dejar de darle espacio mental en tu mundo interior. Toma la lección que te dejó, deséale lo mejor… y sigue tu camino, libre de la carga del rencor.

Foto:  Pixland

 
 
 
 
 
 

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