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No llegues a conclusiones apresuradas

Esta pequeña anécdota no es una leyenda urbana. Claudia esperaba abordar un vuelo a Londres. Muerta del hambre, compró un paquete de galletitas y se sentó en una mesa de la cafeteria del aeropuerto a esperar el momento de abordar. Como el lugar estaba lleno, un joven pasajero se sentó en su mesa y, sin muchos miramientos, sacó una galletita del paquete. Ante los sorprendidos ojos de Claudia, la devoró en dos mordizcos. “Increíble!”, pensó ella, indignada. “Ni siquiera me la pidió! Es que ya nadie tiene modales?”. Furiosa, pero sin decir una palabra, tomó una galletita y la comió… sorprendiéndose al ver que el joven, con una sonrisa, hacía lo mismo. “Qué descarado, qué fresco!”, pensó, mientras tomaba dos galletitas, dejando solo una. “A ver qué hace ahora este insolente, con la única galletita que queda…”, pensó, iracunda. La respuesta no se hizo esperar. El joven tomó la última galletita, la partió a la mitad, y le ofreció una parte a ella. Claudia se la arrancó de la mano y con un seco e irónico “Gracias!” se fue a toda velocidad. Al llegar a su avión, furiosa y aborrecida de la humanidad, abrió su bolsa… y vio en ella su pequete de galletitas, intacto.

Moraleja: Antes de saltar a conclusiones, enfurecerte, pensar mal de la humanidad y arruinar tu día, asegúrate de tener toda la información.

 
 
 
 
 
 

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