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¿Agua embotellada?

¿Cómo reaccionarías si llegaras a un planeta con una atmósfera similar a la nuestra, con unos seres similares a nosotros, y los vieras a todos respirando el aire contenido en unos balones de plástico? ¿Qué pensarías si les preguntaras por qué lo hacen y te dijeran que ese aire lo han comprado porque es de mejor calidad que el natural? Por muy ridículo que lo encuentres, esa situación no es muy diferente a lo que sucede actualmente con el agua embotellada en el mundo moderno.

Aparte del innegable sentido utilitario que puede tener para transportar y distribuir el preciado líquido en regiones donde escasee o que hayan sido víctimas de contaminación o desastres naturales, esa agua que se vende a precios exorbitantes no tiene nada de especial. Solo un mínimo por ciento de este producto procede realmente de manantiales como sugieren los anuncios comerciales. La mayoría de las marcas no venden otra cosa que el agua del grifo, purificada o filtrada mediante diversos métodos físicos o químicos. Pero ni siquiera su calidad bacteriológica está siempre garantizada. En muchas regiones de los Estados Unidos, la pureza del agua de la llave supera con amplitud a la del agua embotellada. Si a eso se agrega el hecho de que el agua de los servicios públicos recibe tratamiento con flúor para proteger la salud dental, habría que considerar si el agua embotellada no aumentará la incidencia de caries.

Si el agua de la región donde vives no tiene buen sabor, una alternativa puede ser que compres botellas de aluminio y las rellenes con agua filtrada con uno de los filtros que se pueden adquirir en cualquier tienda. De ese modo estarás cuidando tu salud, tu bolsillo y protegiendo el medio ambiente, todo a la vez, porque solamente una fracción de esas botellas de plástico se recicla, y al no ser de materiales biodegradables, constituyen una de las mayores fuentes de contaminación.

Foto: Comstock/ Thinkstock

 
 
 
 
 
 

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