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Ejercicios frente al espejo

Tengo un espejo en una de las paredes del pequeño espacio donde hago ejercicios en casa (yo solía llamarlo “el gimnasio”, hasta que una amiga que me visitó hace unos días expresó con admiración: “¡Qué bien! Tienes hasta un mini gym”. Después de ese comentario he preferido la opción de “área de ejercicios”). Lo del espejo fue una idea de mi esposo que al principio no me sedujo demasiado. No era partidaria de verme a mí misma casi constantemente mientras hacía mi workout, porque lo asociaba con una peligrosa inclinación al narcisismo.

Pero poco a poco me he ido adaptando y he descubierto sus ventajas. Además de ayudarme a corregir y perfeccionar algunos movimientos, sobre todo cuando incluyo un nuevo ejercicio o rutina, no niego que la imagen de esa mujer que suda y se esfuerza me sirve incluso de motivación. Y como no tengo el propósito de perfección que caracteriza a los culturistas, no corro el peligro de que alguna que otra masita fuera de lugar me vaya a deprimir.

Con el espejo, muchas veces también logro concentrarme más en el ejercicio, en lugar de perderme con la distracción de la música o la pantalla del televisor. Y sin llegar a la admiración excesiva, también es estimulante ver los efectos en el cuerpo de una que otra librita de menos (o la señal de alarma cuando ocurra lo contrario). Por último, como mi espejo mágico está en un rinconcito de mi hogar y no en un gimnasio público, también puedo hablar con la chica que me mira desde el otro lado, y animarla o regañarla según sea necesario.

 

Foto: Pixland

 
 
 
 
 
 

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