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El yogur griego: calcio, más proteína y menos carbohidratos

El yogur sobresale entre los numerosos alimentos que nos sirven de fuente de proteína y calcio. Sin duda gracias a su peculiar sabor y a los beneficios que nos aporta, este producto que se obtiene como resultado de la fermentación de la leche, usando bacterias que transforman la lactosa en ácido láctico, ocupa cada vez más espacio en la sección de productos lácteos de los supermercados.

Además de los nutrientes mencionados, el yogur contiene vitaminas B-2 y B-12, potasio y magnesio. Y no olvidemos su beneficio como alimento “probiótico”, lo cual significa simplemente que está formado por bacterias vivas que interactúan de manera positiva con nuestra flora intestinal. Sin embargo, a pesar de ser una buena fuente de nutrientes, sobre todo el calcio -indispensable para combatir la osteoporosis- no todos los tipos de yogur son iguales, y la avalancha de sabores y variedades no viene acompañada de los mismos ingredientes: no debemos descuidarnos de los edulcorantes y sustancias añadidas, que con frecuencia se venden con atractivos señuelos como “sabor latino”.

El rey de los yogures
Incluso si aún no lo has probado, debes haber notado la creciente presencia en el mercado de un tipo de yogur que se ha comercializado como yogur griego, por lo general con sus letritas y motivos helénicos y todo. ¿En que consiste la diferencia entre este tipo de yogur y los yogures regulares? Resulta que es muy sustancial: al yogur griego, conocido también como labneh y típico de las culturas del Mediterráneo y el Oriente Medio, se le extrae el suero, lo cual reduce el contenido de azúcares y hace que tenga una consistencia más cremosa.

Para después que te sobrepongas a la ligera diferencia de precio (el griego es un poco más costoso), considera estas ventajas del yogur griego, sobre todo el desnatado, y disfruta de tu deliciosa ración de calcio:
•    Contiene un porciento más alto de proteína: más de 6 gramos por cada 100 gramos, casi el doble que los yogures regulares.
•    Menos carbohidratos y menos azúcares. El proceso de su elaboración elimina la lactosa y el suero de leche.
•    No se cuaja al someterlo a altas temperaturas, por lo que resulta ideal para cocinar (sobre todo para sustituir ingredientes más calóricos como la crema).

Para no poner en peligro sus bondades, te recomiendo que lo compres sin sabor, añádeselo tú misma y disfruta de su cremosidad con un poco de miel, tus frutas preferidas, o experimenta con recetas nuevas en platos dulces o salados.

Foto: iStockphoto

 
 
 
 
 
 

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