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Haz un espacio para las verduras

Cuando se habla de dieta, no en el sentido del régimen de limitaciones pasajeras y con frecuencia absurdas de lo que comemos, sino en el conjunto de los alimentos que ingerimos de manera cotidiana, los cambios de una región o país a otros son tan significativos que llegan al punto de definir una cultura. Lo que para unos es “pan de cada día”, para otros es una exquisitez exótica o comida para enfermos.

Esas diferencias son muy notables en el consumo de frutas y verduras, las cuales forman parte de la dieta esencial de muchos pueblos, como es el caso de la llamada dieta mediterránea, mientras brillan por su ausencia en la mayoría de las mesas de los carnívoros estadounidenses. Mi hermana, por ejemplo, ha hecho varios intentos infructuosos por poner verduras en su plato, pero sigue cuestionándome “cómo me puedo comer esas cosas desabridas”. Y es que, aunque sabemos lo beneficiosas que son las verduras para la salud, en la cocina, como en el amor, los gustos no se pueden imponer.

Y si tratamos de consumir más vegetales sin disfrutarlos, terminaríamos, como diría Sabina, comiendo “una manzana, dos veces por semana, sin ganas de comer”, lo cual no será nada placentero. La gracia, y la clave del éxito, están en incorporar a la dieta el sabor de las verduras, aprender a comerlas por el gusto y la diversidad que aporten al menú y, de paso, mejorar tu nutrición.

En lugar de hervir un “pedazo de raíz” o tratar de engullir insípidas “hojas verdes”, proponte explorar el infinito universo de verduras y experimentar con nuevas recetas. No es necesario que te gusten y aprendas a comerlas todas. Para comprarlas, empieza poco a poco por los supermercados regulares y continúa con los mercados de granjas locales y las tiendas que se conocen como “étnicas”. Muy pronto empezarás a darle gratas sorpresas a tu paladar… y a tu salud.

Foto: iStockPhoto

 
 
 
 
 
 

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