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Kimberly Wasserman: líder social y ambiental

“No puedes dejar que te opriman porque no hablas el idioma o no te ves como el ideal de cómo debe verse un ciudadano”.

Cuando el hijo de Kimberly Wasserman tuvo un ataque grave de asma en 1998, con apenas tres meses de edad, ella pensó que parte podría haber sido su culpa. ¿Me habría alimentado bien durante mi embarazo? ¿Sería una mujer sana? Los doctores la tranquilizaron explicándole que el asma no es una enfermedad heredable, y que generalmente se da como reacción adversa al entorno. Fue entonces que Kimberly comenzó a cuestionarse sobre el impacto que las fábricas de carbón estaban teniendo en el humilde vecindario de Little Village en el suroeste de Chicago.

La ganadora del Premio Goldam, otorgado a individuos cuya labor excepcional ha contribuido al beneficio del medio ambiente, llevó la preocupación por su pequeño hijo a los miembros de su comunidad, para convertirse en líder y ejemplo a seguir.

¿Qué te inspiró para ir más allá de presentar una queja?

Creo que tuvo que ver con la forma como me criaron. Sabía que podría hacer algo más que sólo firmar una petición y pasar a la acción. Tienes una responsabilidad al ser organizador comunitario, no sólo reunir a la gente sino animarlos a actuar de manera positiva.

Wasserman sacrificó mucho de su vida personal y el tiempo junto a sus hijos para trabajar por esta causa. “Tuve que sacrificar muchas cosas y aunque mis hijos seguramente en muchas oportunidades desearon que no lo hiciera, creo que entienden por qué lo hice. Espero haber hecho lo correcto, porque fue difícil e implicó muchos sacrificios, pero no lo cambiaría por nada”, comentó Kimberly.

Dos años después de que Kimberly comenzara su campaña de educación y movilización de su comunidad sobre el peligro de las fábricas de carbón, la escuela de salud pública de Harvard confirmó a través de un estudio lo alarmante de la situación. Asma, enfermedades respiratorias, muertes prematuras y casos de mortalidad infantil estaban directamente relacionados con las plantas de carbón Fisk y Crawford en la zona de Little Village.

“La realidad es que nuestras comunidades de bajos ingresos, inmigrantes y afroamericanos han tenido que lidiar con problemas ambientales por décadas, lo que no hubiera sucedido si se tratara de un vecindario con dinero y otro tipo de población”, agregó Kimberly, refiriéndose a las realidades económicas, sociales y migratorias de Little Village.

Aunque tuviera ocasiones en las que se sintiera desanimada durante los 12 años que tomó llevar a cerrar las fábricas de carbón, Wasserman entiende que no se trató sólo de un beneficio ambiental sino de confianza en sí misma para una de tantas comunidades cuya voz no ha sido escuchada. “Valoro la confianza que me ha dado mi comunidad y no planeo defraudarlos”.

El premio le permitió a Kimberly regresar a estudiar, lo cual no la aleja de su propósito inicial: evitar que las plantas de carbón sigan teniendo un efecto negativo sobre las comunidades. “Debemos ser honestos con quienes somos y dejar que nuestras raíces sean nuestra guía contra la injusticia”, concluyó.

 
Foto: Cortesía The Goldman Environmental Prize
 
 
 
 
 

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