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Los triglicéridos y el vino

Los resultados de los análisis de sangre, parte de las visitas anuales de rutina a tu médico, pueden venir acompañados de comentarios halagadores o de advertencias sobre la necesidad de cambios en la dieta o el estilo de vida. En particular, los números del colesterol y los triglicéridos tienden a ser una buena manera de hacernos abrir los ojos y poner los pies en la tierra, como le sucedió hace unos días a una amiga que lleva una saludable dieta mediterránea, hace ejercicios casi todos los días y es amante del buen vino.

Mi amiga me comentaba sorprendida e incrédula, que sus niveles de triglicéridos no podían estar altos, que tenía que ser un error de los laboratorios… hasta que le pregunté cuántas copas de vino bebía con sus comidas y empezó a titubear. Resulta que el vino, aunque delicioso y con indudables beneficios para la salud, no es después de todo una bebida perfecta. A pesar de su propiedades antioxidantes y su capacidad de reducir el colesterol, el vino contiene alcohol y azúcar, y si no se consume con moderación, puede resultar peligroso para algunas personas, como aquellas que padecen de hipertensión o tienen los niveles de triglicéridos altos o ligeramente elevados.

Como una sencilla fórmula matemática, los triglicéridos aumentan cuando se consumen más calorías que las necesarias, sobre todo si estas provienen de alimentos que el organismo convierte en triglicéridos con facilidad, como sucede con los carbohidratos simples y el alcohol. Por lo tanto, el vino hace subir los niveles de triglicéridos porque contiene ambas cosas. Una vez más, la sabiduría de las abuelas sale a relucir: Todo lo bueno, con moderación. Las mujeres debemos limitarnos a una copa diaria, mientras los hombres (menores de 50 años) pueden beber dos. ¡Muy importante! Según estos cálculos, una copa de vino tinto es solamente 5 onzas, ni más ni menos.

Foto: Hemera

 
 
 
 
 
 

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