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Remolacha, una raíz dulce y refrescante

La remolacha es uno de los ingredientes favoritos de mi padre. En casa la solíamos preparar en ensalada todas las semanas, hasta que yo empecé a inventar con ella en la cocina y a consentirlo con cada plato.

Es una raíz ovalada y dura que seguro le pasas por el lado en el mercado y la ignoras. Es dulce y terrosa y de color morado rojizo intenso, aunque también las hay blancas y doradas (amarillas). Sus hojas, aunque de sabor amargo, también son comestibles e incluso más nutritivas que la misma raíz. Ver sus hojas “vivas y felices” es muestra de su frescura. La raíz debe ser firme y de color intenso. Apuesta por eso y por consumirlas en su temporada de junio a octubre.

Guárdala en la nevera separando las hojas de la raíz. La raíz se mantendrá bien de dos a cuatro semanas. Cuando le cortes las hojas, recuerda dejarle a la raíz unas dos pulgadas de tallo para evitar que “sangre” y manche todo.

Su valor en la cocina se multiplicó en el siglo XIX cuando se dieron cuenta de que la podían convertir en azúcar, así que imagínate lo rica que es fría, caliente, cocida, curtida o cruda. Puedes cocerla al vapor, hervirla, asarla al horno, rallarla cruda o cortarla en finas lascas tipo carpaccio para que mantenga mejor sus propiedades. Solo ten cuidado mientras trabajas con ella que no te manches.

Le van muy bien los aromas del vinagre balsámico, mantequilla, limón, perejil, tomillo, cebollino, eneldo y estragón. Hace sabrosa combinación con manzana, bacon, queso de cabra, naranja, crema ácida, nueces, papas, zanahoria y ajo chalote. Y acompaña bien a una carne, un pollo, pavo, cordero, cerdo, atún y hasta para rellenar la pasta.

Además, es anticancerígena, tiene mucha fibra y nada de grasa. Aquí te dejo mi receta de panna cotta de remolacha para que empieces a experimentar con ella. ¡La remolacha no muerde!

 
Foto: iStockphoto
 
 
 
 
 

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