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Muéstrame el camino: la maravilla de los GPS

Si el mejor amigo del hombre es el perro, es muy probable que el título de mejor amigo de la mujer le corresponda al Sistema de Posicionamiento Global (GPS, por sus siglas en inglés), ya sea mediante los aparatos portátiles o a través del teléfono celular.

Sin profundizar mucho en las causas genéticas o sociales, es innegable que los hombres, por lo general, tienen más facilidad para orientarse espacialmente (lo cual parece venir convoyado con una alergia incurable a pedir ayuda con una dirección). Debemos reconocer incluso que a muchas de nosotras, cuando nos tratan de explicar hacia dónde debemos dirigirnos, no nos dicen mucho los nombres de los puntos cardinales. ¿Al sur? ¿Al este? ¿Dónde queda el norte? Tampoco, al menos en mi caso, nos ayuda en gran medida recurrir a un mapa del área.

Por eso los GPS no solo nos han venido a sacar de apuros, sino que casi terminamos estableciendo con ellos una relación íntima: al tener la posibilidad de escoger el idioma, el tipo de voz con el que se comunican con nosotras, ya sea femenina o masculina, es posible personalizarlo hasta el punto de asociarlo con un nombre propio. ¡Hasta se pueden usar voces de celebridades! Mi GPS, desde que lo compré, me habla con la voz de Mandy, una dulce chica que desmiente todos los estereotipos sobre la mujer y la orientación.

Pero a Mandy, aunque me lleva y me trae por donde le pida sin objeciones, no le viene mal algo de apoyo adicional. He visto y he sufrido en carne propia las consecuencias de seguir casi ciegamente las orientaciones de los GPS, y pueden ser funestas: desde entrar en una calle en sentido contrario a pasar de largo por el punto de destino sin advertirlo. La experiencia me ha servido para, sin dejar de confiar en Mandy, concentrarme en la manera de uso adecuada y tomar algunas medidas adicionales e informarme con antelación de todo lo que pueda sobre mi trayectoria: busco la dirección y la manera de llegar por Internet, imprimo, como refuerzo, las orientaciones paso por paso y, por último, estudio los puntos más importantes con el street view de Google si está disponible.

Solo entonces nos aventuramos Mandy y yo a explorar mundos desconocidos, y nada es comparable con la garantía y la tranquilidad de saber que cuando le pida que me lleve “a casa”, cumplirá su cometido.

 
 
 
 
 
 

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