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6 consejos para aprender a vivir sin preocupaciones

¿Qué pasa si no puedes dejar de preocuparte? ¿Si las preocupaciones se amontonan y aplastan tu ánimo? Después de todo, tu vida no es la de un místico oriental. Tú tienes que pagar la renta, “torear” a un jefe difícil y bregar con tu pareja. ¿De veras puedes dejar de preocuparte y ser feliz?

Seamos honestas: pretender eliminar todas las preocupaciones para siempre no es una meta realista. Además, algunas preocupaciones son válidas (y te vamos a enseñar la diferencia). Pero si pudieras aprender a ponerlas en perspectiva para reducir la ansiedad en un buen porcentaje del tiempo, ¿no es cierto que vivirías más relajada y feliz?

Aquí tienes las herramientas clave para lograrlo. Te aclaramos que no son una varita mágica que desaparecen tus males en un dos por tres; requieren tu compromiso y tu dedicación. Pero si las aplicas en forma consistente, ¡sí funcionan!

  • Sé específica. A menudo las preocupaciones son ideas vagas, que flotan por tu mente sin definición. Atrapa esa preocupación y encárala: ¿qué es lo que realmente te inquieta? ¿Se trata de un peligro real e inminente, o sólo de un what if? Si eso que te preocupa se basa únicamente en la idea de que “sería terrible perder el trabajo/divorciarme/enfermarme o ——- [llena en el blanco]”, estás dejando que te domine el lado maligno de la imaginación, que sólo sabe fantasear catástrofes. La clave radica en determinar si realmente hay un motivo de preocupación. Y esto nos lleva al siguiente paso:

 

  • Estudia las probabilidades, no las posibilidades. Cualquier cosa es posible, pero… ¿es probable? Es curioso, pero cuando pensamos en forma negativa, nos concentramos en las posibilidades. Por ejemplo: “En algún momento puede ocurrir un colapso económico mundial y yo podría perder el empleo, la casa y el perro. ¡Es posible!”. Pero cuando pensamos en forma positiva, la cosa cambia. También es posible que Liam Hemsworth tropiece contigo en la calle y se enamore de ti a primera vista (recuerda: en teoría, anything’s posible). Pero no apostarías tu dinero a que esto ocurra, porque sabes que no es muy probable que digamos.  Aplica esto a tus preocupaciones. ¿Cuáles son las probabilidades de que realmente ocurran? ¿Qué pruebas tienes? Haz una lista de la evidencia contante y sonante. Esto te permite determinar qué preocupaciones se basan en hechos reales y cuales son sólo proyecciones negativas, basadas en tus miedos (Ojo: una preocupación sobre un evento futuro puede tener bases reales. Por ejemplo: “¿Estoy preparada económicamente para mi retiro?”). Acto seguido establece la diferencia entre las preocupaciones sin fundamento (el famoso colapso económico global) y las que tienen una base real: tu jefe te ha puesto sobre aviso por segunda vez, tu pareja te da claras señales de descontento o tienes un malestar físico.Una vez que separes la realidad de la imaginación, determina qué puedes hacer para reducir las probabilidades de que eso que temes ocurra ahora o en el futuro. Enumera todas las posibles acciones que puedes tomar. Sé creativa y piensa outside the box. ¿Cuál solución es la más factible? ¿Qué pasos, por pequeños que sean, puedes comenzar a dar ya? ¿Necesitas buscar más información? ¿Consultar con un experto? Este es el momento de crear tu plan de acción. Ser proactiva –por ejemplo: actuar para mejorar la calidad de tu trabajo, comunicarte mejor con tu pareja, hacerte un examen médico preventivo o reunirte con un experto en las finanzas que te ayude a planear para tu retiro– no solo es productivo, sino que te ayuda a reducir la ansiedad.

 

  • Suelta la rienda. Ya separaste la realidad de la “imaginación maligna” y estás ocupándote (no pre-ocupándote, nota la diferencia) del asunto a la medida de tus capacidades. Por ejemplo, consolidaste tus cuentas, sacaste un turno con el médico o instalaste un sistema de alarma en tu hogar. Después de hacer todo lo que está en tus manos, como dijo San Pablo es hora de let go and let God. O sea, de dejar el asunto en manos de Dios, el universo o el curso natural de las cosas, según tu fe. Y eso… ¿cómo se hace? La clave para realmente let go está en enfocarte en el momento presente, en lugar de concentrarte en el pasado o de anticipar el futuro. Y hay muchas formas de lograrlo, de acuerdo con tu personalidad: Si eres una persona contemplativa, puedes buscar el silencio interior a través de la meditación o la respiración (un ejercicio relajante: Inhala lenta y profundamente, concentrándote en el oxígeno que llena tus pulmones. Luego exhala hasta sentir que te vacías de esos pensamientos angustiosos). Las personas activas entran en el presente a través de la actividad física como hacer ejercicios o practicar un deporte. A las personas creativas/intelectuales las ayuda enfrascarse en una actividad absorbente como leer, cocinar, pintar, coser, escribir en un jornal o resolver crucigramas.
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  • Acepta la incertidumbre. Existe una realidad tan innegable como la ley de la gravedad: no podemos ver el futuro y no existen las garantías. Si la sola idea te crispa los nervios, recuerda que la única forma de vivir en paz con esta realidad es –de nuevo– hacer lo que está en tus manos y mantener una actitud positiva. El camino más corto para ir de la preocupación al positivismo es cultivar la gratitud. Cuando genuinamente agradeces las pequeñas grandes bendiciones cotidianas –desde sentir el calor del sol en la mañana hasta recibir el amor de tu mascota– ves el universo como un lugar benigno y aceptas lo que venga con fe. Pero, sobre todo, ocurre dentro de ti un cambio sísmico. Y es que entonces sabes, a nivel celular, que aún los malos tiempos nos traen el regalo de la experiencia y la sabiduría.

 

  • Imita a las Girl Scouts. Su lema es que están always ready –“siempre listas”– para lo que se presente. La paz no está en controlar lo que ocurre fuera de nosotros, sino en cómo procesamos lo que ocurre por dentro. Saber que aún si ocurre lo peor estás preparada para lidiar con el problema con entereza te hace más fuerte en mente, cuerpo y espíritu. Recuerda que has enfrentado muchos problemas en el pasado y siempre has salido adelante. ¿No es cierto que ahora algunos de esos problemas te parecen una bendición? Quizás el final de una relación te pareció el fin del mundo… pero te dejó el camino libre para conocer a la persona perfecta para ti.

 

  • Busca ayuda. Si a pesar de utilizar estas herramientas no logras desprenderte de las preocupaciones, o sientes que se han vuelto obsesivas, consulta con un terapeuta que se especialice en los desórdenes de la ansiedad para que te ayude a manejarlas.

 

Como ves, las preocupaciones no tienen que arruinar tu paz mental. Cada vez que las sientas revolotear cerca, detente, respira y usa estas herramientas para ponerlas en perspectiva. Y recuerda el sabio proverbio oriental: “No podemos evitar que las aves de la preocupación vuelen sobre nuestra cabeza; pero sí podemos evitar que hagan su nido en ella”.

 

 
 
 
 
 
 
 

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