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Isabel Allende nos presenta su nueva novela Violeta

El 25 de enero se publica la esperada nueva novela de Isabel Allende, Violeta (Penguin Random House en inglés y Vintage Español en español).

La autora en español más leída del mundo, con 75 millones de ejemplares vendidos en 42 idiomas, presenta la emotiva e inspiradora historia de una mujer poseedora de una pasión, una determinación y un sentido del humor inolvidables, que la sostienen a lo largo de una vida turbulenta, que empieza en 1920 —con la llamada «gripe española»—y muere con la pandemia de 2020.

La vida de Violeta es mucho más que la historia de dos pandemias separadas por un siglo. En una larga carta dirigida a una persona a la que ama por encima de todas las demás, Violeta rememora devastadores desengaños amorosos y romances apasionados, momentos de pobreza y también de prosperidad, pérdidas terribles e inmensas alegrías. Moldearán su vida algunos de los grandes sucesos de la historia: desde el crack del 29 a la lucha por los derechos de la mujer, pasando por el auge y la caída de tiranos de las dictaduras latinoamericanas y, en última instancia, no una, sino dos pandemias.

Para conocer más sobre esta nueva obra de la escritora chilena, hablamos con ella en esta entrevista que les dejamos a continuación, donde la propia autora nos cuenta por qué eligió a Violeta como la protagonista de la novela y el motivo del formato carta para dirigir a los lectores a través de sus páginas. Además, nos confesó por qué situó a la novela entre dos pandemias.

S.M: ¿Por qué elegiste a Violeta como la protagonista de tu nueva novela? ¿Qué te inspiró de este personaje? 

I.A.: Cuando murió mi madre, poco antes de la pandemia del Covid, muchas personas que la conocieron y sabían de la extraordinaria relación que ella y yo tuvimos, me sugirieron que escribiera su historia. No pude hacerlo, tal vez porque estoy muy cerca de ella emocionalmente; no tengo la distancia necesaria para hacerlo. Mi madre era una mujer fantástica, pero le tocó nacer en un tiempo, un lugar y una clase social en que las mujeres tenían muy poca libertad y oportunidades. Siempre fue dependiente, primero de su padre, después de su marido y después de mí. No pudo realizar su talento artístico ni su visión comercial. Violeta es como mi madre: bella, inteligente, irónica, generosa y atrevida, pero a diferencia de mi madre, pudo ganarse la vida y ser independiente. Tal vez Violeta tuvo el destino que yo, como feminista, hubiera deseado para mi madre.

S.M: ¿Por qué tomaste el siglo XX como época para desarrollar tu nueva novela? 

I.A.: Mi madre nació en 1920 y le tocó presenciar casi todo el siglo XX y parte del XXI. Es un tiempo fascinante de guerra y guerra fría, cambios dramáticos, avances tecnológicos y científicos, extremos políticos, feminismo, luchas de los trabajadores, etc. Yo también he sido testigo de la segunda mitad de ese siglo y puedo contarlo sin necesidad de investigar mucho, porque lo viví. He escrito varias novelas históricas, pero para mí, Violeta no entra en esa categoría, porque tiene más de memoria personal que de historia.

S.M: ¿Te inspiró la pandemia de Covid-19 para escoger también una pandemia como la de la influenza en tu historia o ya lo tenías pensado?

I.A.: Al contar la vida de Violeta, que nace en 1920, comprendí que ese fue el año en que llegó la pandemia de la influenza a varios países latinoamericanos. Había comenzado en las trincheras de la primera guerra mundial, en 1918, pero se demoró en repartirse como el mundo, porque no existía la movilidad de ahora, cuando cualquier cosa que ocurra en un lugar, por apartado que sea, se experimenta de inmediato en casi todo el planeta. Lógicamente, si Violeta nace en 1920 y vive cien años, le toca morir al comienzo de la pandemia de 2020. Esa coincidencia me pareció poética.

S.M: La novela es una carta escrita a un ser querido, ¿es un cierto homenaje a tu madre con la que te intercambiaste correspondencia de manera diaria durante años?

I.A.: Las cartas siempre han sido importantes para mí. Mi primera novela, La Casa de los Espíritus, comenzó el 8 de enero de 1981 como una carta para mi abuelo, que se estaba muriendo en Chile. Mi memoria Paula (1992-93) es una carta a mi hija, que estaba en coma. En el garaje de mi oficina hay pilas de cajas de plástico, una por año, que contienen las cartas que mi madre y yo intercambiamos durante décadas. Mi hijo ha calculado que hay entre 600 y 800 cartas por caja. Un total aproximado de 24.000 cartas. Ahora que mi madre ya no está, echo mucho de menos nuestra correspondencia diaria. Lo que no se escribe, se olvida. Al contarle el día a mi madre, quedaba registrado para siempre en el papel. No se perdía en los vericuetos de la mala memoria.

S.M: ¿Por qué no sitúas la novela en ningún país concreto pero sí se habla de la dictadura? 

I.A.: En varias de mis novelas (La casa de los espíritus, De amor y de Sombra, Eva Luna,y otras) no menciono el país donde ocurre la historia, aunque es fácil adivinar que está situado en Sudamérica. Eso me da libertad para mover algunos acontecimientos, fechas y lugares, pero trato de ser fiel a la historia. Es imposible contar sobre Latinoamérica sin referirme a las dictaduras que han asolado a nuestra región.  La brutal represión de los golpes militares y dictaduras fue similar en todo el cono sur y con pocas diferencias en el resto del continente. Tampoco se puede contar sobre Centroamérica sin mencionar el genocidio sistemático contra los indígenas y los pobres perpetrado por sucesivos gobiernos.

S.M: ¿Cómo sientes que ha cambiado tu manera de escribir con el paso de los años? ¿A qué parte te mantienes fiel? 

I.A.: Creo que tengo más experiencia y domino mejor el oficio, pero ya no tengo la inocencia y la libertad con que escribí mis primeras novelas. Me mantengo fiel a la disciplina y al sentido de responsabilidad, es decir, investigo a fondo y trato de ser lo más honesta posible en cada libro. Escribo sobre lo que me importa mucho y nunca pierdo de vista que no escribo para mí. Soy una comunicadora. Quiero contarle la historia a alguien y para eso debo mantener su interés. Los lectores son sagaces, se dan cuenta cuando el autor trata de pasar un mensaje, hacer proselitismo, o cuando los engaña o confunde con trucos de estilo y falsedad.

 
 
 
 
 
 
 

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